Recorrido ecoturístico por la Península de Baja California

Recorrido ecoturístico por la Península de Baja California

La Península de Baja California regala paisajes y experiencias excepcionales, que bien valen la pena recorrer de mano de la naturaleza.

El estado de Baja California es una tierra pródiga de horizontes portentosos y regiones ignotas, de historias de epopeyas, de una gastronomía superlativa, y de gente orgullosa que sabe lo que tiene. Es el mejor destino para el turismo de aventura y los deportes extremos en escenarios de ensueño.

La ruta que te proponemos es una de las más atractivas del estado, un trayecto de aproximadamente 250 kilómetros que va desde el Puerto de Ensenada hasta la pequeña comunidad del Rosario, en las estribaciones de la Bahía de San Quintín. En el trayecto irás descubriendo espléndidas regiones vinícolas, entrañables misiones dominicas, playas y bahías espectaculares, restos óseos de Tiranosaurios, sorprendentes paisajes volcánicos, y delicias culinarias de primer orden.

Recorriendo la Península de Baja California

Antes que nada, lo más recomendable es volar a Tijuana, y luego bordear la costa por la carretera transpeninsular número uno, que va por el lado de Océano Pacífico entre los acantilados y las playas vírgenes de la península.

Pasando la hermosa Bahía de Todos Santos al sur de Ensenada, el horizonte se empieza a vestir de infinitos viñedos y olivos; esto quiere decir que has llegado a las puertas de la famosa Vinícola de San Tomás, que es la más antigua de la península. Evidentemente, lo siguiente es acercarse a conocer las bellas instalaciones de la vinícola, que ostenta bodegas de excepción, un restaurante de autor, y una tienda donde podrás adquirir las etiquetas más selectas. Aquí son muy interesantes los tours organizados con enólogos de la región, a través de los viñedos en rústicas carretas de época jaladas por tractores. Durante el trayecto conocerás los distintos tipos de uva y algunos de los secretos para la elaboración de un buen vino, e irás  degustando los mejores vinos de Santo Tomás.

Unos 40 kilómetros después siguiendo hacia El Rosario, se llega a la comunidad de San Vicente que tiene como su máxima joya la antigua Misión de San Vicente Ferrer, del siglo XVIII. Esta misión dominica es una de las casi treinta que hay en toda la península, y que son las huellas de la epopeya misional de jesuitas y dominicos para evangelizar estas tierras de inclemencias, particularmente si contemplamos que hace casi trescientos no había agua ni alimento en la región.

De esta magnífica misión construida con adobe, se conservan muchos de los muros y habitaciones originales, que guardan panoramas sublimes.

La Bahía de San Quintín

Continuando hacia el sur, se van descubriendo playas de belleza excepcional. Primero playa Colonett, más adelante Punta Camalú, y la playa de Padre Kino. A esta altura también se encuentran dos vestigios misionales de visita obligada, la Misión de Santo Domingo de la Frontera, enclavada en un bello cañón de cactáceas y arenales calcinantes, y la Misión de San Pedro Mártir de Verona, del mismo modo acompañada de impresionantes postales.

Después de uno 80 kilómetros desde la salida de San Vicente, se llega a la Bahía de San Quintín con sus maravillosos volcanes en primer plano. A un lado, en su conocida Bahía Falsa, el cultivo de ostión es toda una industria, mientras que en el muelle del Molino Viejo una colonia británica se instaló en la región hace ya más de un siglo. En la bahía se pueden ver ballenas grises, delfines, lobos marinos, gansos, patos y una fauna variada y exótica.

La actividad en la bahía es prolífica. En primer plano transcurre la vida cotidiana de los pescadores desde sus botes, un poco más allá practican actividades acuáticas como el kayak, la vela, el kitesurfing, o el paddle board, y más lejos se perciben los botes para la pesca deportiva, que tiene mucha demanda en la zona.

A un lado se encuentra el interesante Museo Regional de San Quintín, que sin duda merece una visita. Lo más espectacular son quizá los fósiles expuestos, como el fémur de mamut encontrado en la zona, o un diente de megalodonte, y no son menos interesantes los vestigios primitivos de los primeros habitantes de la región, y de la ocupación inglesa en el siglo XIX.

La Lobera y el Rosario

Hacia el sur, un poco antes de llegar al Rosario, un alto obligado es la impresionante Lobera. Este cráter formado con el tiempo, hoy es habitado por cientos de focas y lobos marinos. Desde el mirador, las vistas son un verdadero regalo para el alma.

Finalmente se llega al Rosario, tierra de vestigios misionales, fósiles de un pasado remoto, playas de excepción y unas de las mejores langostas de toda Baja California. Aquí podrás ver en algunas casas privadas pequeños museos acondicionados con tesoros fósiles de hace millones de años. Y es que esta zona del planeta fue habitada desde épocas inmemoriales, en el Cretácico Tardío por dinosaurios, reptiles, anfibios y amonitas.

De la presencia dominica en el Rosario quedan los vestigios de la Misión de Nuestra Señora del Santísimo Rosario de Viñadaco, que tiene mucho que contar de las peripecias pioneras en este rincón del mundo. Aquí en el Rosario las playas de La Bocana y de Punta Baja son de espectacular belleza, muy apreciadas por los amantes del surf y del windsurf, y por los pescadores locales que aquí encuentran un verdadero paraíso.

Este periplo de aventura por Baja California te dejará un recuerdo perenne, difícilmente en algún otro lugar del país podrás encontrar tantas bellezas naturales juntas. Muy buen viaje.

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