Real de Arriba, la ruta de la plata y el oro

Real de Arriba, la ruta de la plata y el oro

La ruta de la plata y el oro en el Estado de México, está conformada de pueblos mineros entrañables y paisajes tan bellos como nostálgicos.

En la sierra de Temascaltepec, que es una prolongación del Nevado de Toluca, se encuentra un antiguo mineral llamado Real de Arriba, que descansa en una gran cañada de exótica vegetación.

Las serranías que rodean este pequeño pueblo minero del Estado de México son abruptas, con altas montañas, profundas barrancas y hermosas cañadas. Las entrañas de estos montes contienen oro y plata, y son parte de las ricas vetas que dieron origen a entrañables pueblos en el estado.

Un poco de historia

El pueblo de Real de Arriba es atravesado por el río El Vado, que se une más adelante con el río Temascaltepec y desemboca en el Balsas, y alberga cuatro espléndidos manantiales de donde brota agua fresca todo el año. Se trata de un edén donde convergen de manera sorprendente tanto plantas y árboles de tierra fría como de regiones tropicales.

Nuestros antecesores valoraron esta riqueza y adoptaron estos parajes como propios; en los tiempos prehispánicos, la cañada donde hoy se encuentra Real de Arriba fue bautizada como Cacalostoc, que quiere decir “cueva de cuervos”. La región fue desde entonces hogar de los matlalzincas que rendían culto a Quequezque, dios del fuego.

Sin embargo, este edén se convertiría en un verdadero infierno para los matlalzincas, pues hasta aquí llegaron los feroces aztecas que masacraron a gran parte de la población. Los sobrevivientes fueron convertidos en esclavos o utilizados para sacrificios al dios de la guerra, Huitzilopochtli.

La ruta de la plata y el oro

En Cacalostoc el oro se encontraba a flor de tierra; los matlalzincas y los aztecas explotaron el oro y la plata en excavaciones de poca profundidad. En esa época, las aguas del río Vado depositaban partículas de minerales preciosos en la ribera, que luego eran separadas mediante un simple lavado.

En 1555 los españoles descubrieron este “Dorado” mexicano, y ni tardos ni perezosos iniciaron una de las explotaciones más importantes de la Colonia. Entre 1570 y 1590, Real de Arriba se constituyó como uno de los distritos mineros más ricos de la Nueva España. Ya para ese entonces, en la región había más de treinta minas en plena explotación.

Más adelante se fundaron otros poblados como Valle de Bravo y Temascaltepec. El esplendor minero continuó hasta el siglo XVIII, y Real de Arriba siguió siendo uno de los distritos mineros más favorecidos de la Nueva España. Se establecieron mesones, molinos para beneficio del metal extraído, establos, tiendas de raya, haciendas y toda una infraestructura que todavía hoy puede verse en los alrededores del poblado.

Después de la Independencia vino la primera decadencia del mineral, y muchos lugareños tuvieron que abandonar la región. Sin embargo, durante el porfiriato el gobierno otorgó diversas concesiones a compañías inglesas y norteamericanas, con lo cual la región obtuvo nueva vida.

Posterior a la época de la Revolución, Real de Arriba volvió a decaer, las minas fueron cerradas y muchos de los pobladores abandonaron el pueblo definitivamente. Sin embargo la abundancia de agua y la riqueza de la tierra en esta región permitieron que la comunidad renaciera de sus cenizas, y se transformara en una comunidad agrícola, que hoy comercia con Temascaltepec y Toluca.

Recorrer el real y sus alrededores

Real de Arriba tiene que ser apreciado con todos los sentidos, desde los montes hasta las cañadas de paisajes idílicos. Su calle principal surca el pueblo de lado a lado, las fachadas multicolores de las casonas de techos de teja son alegres y encantadoras.

El templo de Real de Arriba atrapa las miradas, su presencia es un mudo testigo del esplendor minero de la localidad. Posee una hermosa portada barroca y un portón de acceso en arco de medio punto. A cada lado de la puerta se yerguen dos hermosas pilastras estípites, características del estilo churrigueresco.

En su interior hay un retablo barroco de madera con la imagen de la Virgen de Dolores. Hoy el templo está solitario, como un viejo profeta que acompaña fielmente al pueblo en su cotidianidad taciturna.

Continuando por los callejones, se llega a un viejo molino donde todavía descansa la maquinaria traída por los ingleses a finales del siglo XIX. Un poco más adelante se asoma la hacienda de beneficio La Providencia, también conocida como El Polvorín. Todavía quedan muchos de sus muros,  invadidos por la vegetación que recupera sus espacios.

Muy cerca del poblado están las ruinas de la mina más importante del Real: El Rincón. A principios del siglo pasado, aquí existían decenas de edificios, un funicular con sus torres y viviendas de los mineros. Hoy sólo quedan los muros y los oxidados herrajes de un pasado sí de bonanza, pero también de dolor y explotación, como informan algunos testimonios de la época.

Muy interesante es el cementerio en el que se conserva una capilla del siglo XVIII. A las afueras del pueblo es muy atractivo el Templo de San Mateo Almoloya, de estilo neoclásico del siglo XVIII. Y a la entrada del pueblo, por el puente de La Hoz pasaron todos los que levantaron este pueblo minero, desde que inició la explotación de estas ricas vetas de oro y plata. Tuvieron que pasar 400 años para que los usurpadores agotaran las entrañas de esta tierra generosa.

En tu próximo viaje a Toluca o a Valle de Bravo, no dejes de acercarte a este pueblo lleno de evocaciones. En Real de Arriba se pueden sentir todos los avatares históricos que se vivieron en este país, desde tiempos prehispánicos hasta la mestización a fuego y sangre.

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