Miramar, belleza en las playas de Riviera Nayarit

Miramar, belleza en las playas de Riviera Nayarit

Entre las playas de Riviera Nayarit, en los litorales del Océano Pacífico, se encuentra un encantador pueblo de exóticos parajes: Miramar.

Este exuberante paraíso ha conservado su carácter de pueblo típico a pesar del desarrollo turístico en la región, indiferente al bullicio vacacional de las playas aledañas. Miramar es ideal para quienes disfrutan de los pueblos auténticos y las bellezas naturales.

Las playas de la zona son pequeños edenes en la Riviera que hay que descubrir paso a paso, remansos de aves tropicales, cocodrilos y tortugas marinas, con pequeñas rías que desembocan en el mar.

Las playas de Riviera Nayarit

Desde que se toca Miramar se siente esa tranquilidad de cuando se llega a casa, y es que aquí los lugareños reciben al viajero con calidez, siempre dispuestos a compartir los secretos de su pequeño paraíso.

En el puerto están los hombres que llegan temprano con los productos de mar que pescaron en la madrugada. En la playa se extienden las ramadas que ofrecen las mejores vistas y delicias culinarias: camarones a la diabla o en agua-chile, pescado zarandeado, y cocteles de ostiones y pulpo sin igual.

Al continuar, se llega a la maravillosa playa de Platanitos, que presume uno de los perfiles playeros más bellos de nuestro país. El lugar es una enorme barra que da origen a una bella laguna habitada por aves.

El único indicio de presencia humana en la zona es alguna ramada que asoma entre las palmeras ofreciendo los servicios básicos. Por lo demás, este paraíso está allí, inmaculado y solitario. Platanitos es el mejor lugar en toda la Riviera para el esnórquel, el buceo, el kayak, el veleo y los paseos a caballo o a pie.

Otras playas cercanas son la Manzanilla y el Boquerón, ambas pequeños tesoros naturales prácticamente intocados, ideales para aquellos que disfrutan de la privacidad. Y un poco más al norte, la Bahía de Matachén es un portento; sus atardeceres son famosos en todo el estado.

A un lado de Miramar, en una pequeña comunidad conocida como El Cora, está una hermosa cascada con varias caídas de agua que forman pozas naturales entre la exótica vegetación tropical. Este es el mejor lugar del planeta para descansar y meditar, con vista hacia la costa.

La Casona de Miramar

Desde la playa de Miramar, viendo hacia el norte, se alcanza a ver una antigua casona  de mediados del siglo XIX. Llama la atención su terraza, su muelle semiderruido, sus enormes platanales y cafetales, sus árboles centenarios y un río que corre justo a un lado de la construcción.

La casona es todo un ícono de la región. A mediados del siglo XIX, empresarios alemanes desembarcaron en estos litorales para establecer sus industrias; en el lugar todavía se pueden ver los vestigios de lo que fueron las minas de El Llano y El Cora, de donde se extraía oro y plata.

También están los restos de una fábrica de jabón de aceite de coco, que se exportaba a Europa desde los puertos de San Blas y Mazatlán. Estos pioneros igualmente impulsaron la agricultura y la cría de puercos, actividades que todavía son parte de la cotidianidad en El Llano. Y en el pueblo del Cora se quedó la tradición del café, también iniciada en aquella época.

Se han creado infinidad de mitos y leyendas alrededor de la casona, dignos de un guion cinematográfico. Todavía quedan recuerdos de las grandes fiestas en la casona, con invitados que venían de lugares lejanos, y son perceptibles los vestigios de lo que fuera el tren ligero, que llevaba todos los productos hasta el muelle para ser llevados hasta tierras europeas.

Este paraíso alemán continuó funcionando hasta la llegada de los agraristas en 1933. Entonces el muelle fue destruido dejando a Miramar incomunicado; las cajas fuertes fueron vaciadas y los hombres adultos ajusticiados a las afueras de la casona.

Hoy la propiedad regala los panoramas más espectaculares de la región. Algunas de sus habitaciones ofrecen servicio de casa de huéspedes, y la casona en general puede ser visitada por los viajeros. Los balcones, ventanales, y muebles de época son los mudos testigos de una época de lujo y boato.

La Casona de Miramar es de visita recomendable para situarse en el lugar de estos pioneros que encontraron una mina de oro en este edén costero, que es uno de los lugares más bellos de nuestra geografía.

Miramar en un tesoro tropical para aquellos viajeros que disfrutan de la exclusividad lejos de las grandes rutas turísticas, de la naturaleza virgen y de la gastronomía nayarita. En las ramadas de Miramar podrás degustar verdaderos manjares con las mejores postales del Océano Pacífico.

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