Lugares turísticos de Campeche, por el Camino Real de Los Petenes

Lugares turísticos de Campeche, por el Camino Real de los Petenes

Algunos de los lugares turísticos de Campeche se encuentran en el antiguo Camino Real de los Petenes, que va de esta ciudad a Mérida en Yucatán.

En tiempos prehispánicos y hasta la Colonia, había un camino que unía lo que hoy es la Ciudad de Campeche con la Ciudad de Mérida en Yucatán. Este enlace entre los dos puntos más importantes de la península cruzaba por ciudades mayas en medio de ecosistemas conocidos como petenes, por lo que se le conoció como el Camino Real de Los Petenes.

Hoy, este legendario camino de profundas raíces mayas y ricas expresiones mestizas, está rodeado de paisajes donde tradición y naturaleza se funden en un cordial abrazo de excéntricos matices. En poco más de 100 kilómetros, desde Campeche hasta la comunidad de Bécal, se descubre nuestra rica herencia prehispánica y colonial, entre exuberantes islas de vegetación.

Aquí te dejamos un breve recuento de los destinos que encontrarás en el trayecto, y de todo aquello que resulta de interés para un viajero avezado. No olvides tu cámara fotográfica y algunas monedas adicionales para llenar tus maletas con la artesanía local.

Reserva de la Biosfera de Los Petenes

El Camino Real surca de norte a sur la Reserva de la Biosfera de Los Petenes. Estos son islotes con vegetación de selva húmeda y manglares; la vida en estos ecosistemas transcurre alrededor de un manantial o un cenote. La biosfera tiene una extensión de casi 283.000 hectáreas, es tan extensa que abarca la mayoría de los municipios que se encuentran en la ruta.

En los petenes crecen especies arbóreas como la caoba, el chechén, la higuera, la palma, y más de 500 especies vegetales. Su fauna la constituyen el cocodrilo de río, el caimán, el mono aullador, el oso hormiguero, el tlacuache, el venado cola blanca, el manatí, patos, garzas, y miles de loros y cigüeñas.

Lugares turísticos de Campeche: Tenabo, Pomuch y Hecelchakán

A medio camino entre la ciudad de Campeche y Tenabo (57 kilómetros), se encuentra la Reserva Ecológica de Hampotol que alberga entre su exótica vegetación a monos arañas y cocodrilos, que se pueden casi tocar en los senderos que regala la reserva.

En este breve trayecto se pueden encontrar las famosas hamacas yucatecas, bellas tallas en madera y exóticos licores de frutas y hierbas, muy característicos de la región. Desde que se llega a Tenabo, cuyo nombre significa “en el lirio acuático”, llama la atención las casas mayas de planta ovalada y techos de huano. En la plaza principal está la Iglesia de la Asunción que domina todo el pueblo, y en cuyo interior descansa el Cristo Yacente, muy venerado en toda la región.

Muy cerca, en Pomuch, son muy interesantes las viviendas antiguas que fueron construidas con piedras labradas del sitio arqueológico de Xcochac; es sorprendente encontrase con estas casonas, que conservan símbolos mayas en sus fachadas. El lugar también es muy apreciado por sus panes recién horneados; los “pichones” son especialmente suculentos, se trata de panecillos rellenos de queso, jamón y chiles jalapeños en escabeche. Las roscas de polvorón y el pan de anís no se quedan atrás.

A poco menos de 10 kilómetros se halla Hecelchakán, un poblado que desde tiempos antiguos fue un lugar de descanso obligado, por encontrarse justo en el punto intermedio entre Campeche y Mérida. Desde entonces, el lugar predilecto era la Hacienda Blanca Flor (siglo XVII), que fue testigo de cruentos acontecimientos durante la Guerra de Castas en 1843. En 1865, la hacienda fue el recinto de descanso de la emperatriz Carlota en su retorno a la Ciudad de México desde Mérida; y el recinto también resintió los embates carrancistas de 1917 en plena Revolución. Todavía hoy es posible ver los vestigios de plomo de diferentes calibres.

En el centro del pueblo de Hecelchakán, cuyo nombre significa “llano de descanso”, se encuentra la hermosa Iglesia y Convento de San Francisco de Asís, erigida por los franciscanos en el siglo XVII. La fachada ostenta un bello portón y una ventana coral, además de dos hermosas torres de tres cuerpos; en el interior del templo todavía se puede ver el retablo original de estilo neoclásico.

Resulta imperdible el Museo del Camino Real, que exhibe estupendas colecciones de piezas mayas, entre las que resaltan las estelas y piezas de cerámica de la cercana Isla de Jaina. No menos recomendable es la visita de la zona arqueológica de Xcalumkín, a 17 kilómetros de aquí, cuyo apogeo fue entre los años 730 y 850 d.C. Esta fue la capital regional que controló a más de una veintena de poblados en los alrededores.

La arquitectura del sitio es de estilo Puuc, con los característicos mascarones de Chaac en las fachadas de los edificios principales; destacan el Palacio de los Cilindros y la Casa del Gran Dintel, que ostenta precisamente un espectacular dintel con tallas que muestran a personajes ricamente ataviados. Antes de partir, vale la pena acercarse a los coloridos huipiles, vestidos y blusas bordadas que se hacen en la localidad.

Dzitbalché, Calkiní y Bécal

A unos 30 kilómetros de Hecelchakán, se alza el bello pueblo de Dzitbalché, que cuenta con una encantadora plazoleta donde se encuentra la Iglesia de la Asunción de María, erigida en 1768 sobre restos prehispánicos.

Las fachadas del poblado ostentan bellos portales y patios interiores con macetones siempre floridos; en las casas y talleres de Dzitbalché se puede ver a los pobladores que trabajan con esmero en la manufactura de hamacas y ropa bordada; las puertas están siempre abiertas para conocer los secretos de la elaboración de las artesanías. Muy cerca del pueblo, el balneario de San Vicente Chico cuenta con albercas y cenotes de incomparable belleza, es el mejor lugar para pasar una tarde tranquila.

Muy cerca de Dzitbalché se halla el poblado de Calkiní, que significa “garganta del sol” y fue fundado en 1443 por Ah Canul, en su paso desde Mayapán. El pueblo fue erigido junto a una ceiba, que es el árbol sagrado de los mayas. Aquí mismo fue donde en 1541 llegó Francisco de Montejo el Mozo y sojuzgó a los mayas, imponiéndoles la evangelización. Y fue en este lugar que se firmó el convenio de la división territorial entre Campeche y Yucatán en 1858.

En Calkiní se encuentra una de las joyas coloniales más apreciadas del estado: la Iglesia y Convento de San Luis Obispo de Tolosa. Su fundación se remonta al siglo XVI, y su fachada de estilo barroco sobrio es portentosa; las columnas y pilastras que enmarcan la puerta de acceso, y la gran concha marina que rodea la ventana del coro, son elegantes y refinadas. En el interior se encuentra el retablo principal y unas bellas miniaturas que representan la última cena.

A sólo 10 kilómetros de Calkiní se encuentra Nunkiní, donde se pueden conocer algunos de los ejemplos más notables de las viviendas tradicionales mayas, y la hermosa iglesia de San Diego. A unos 50 kilómetros de ahí, vale la pena descubrir el Balneario El Remate, que se origina en un limpio ojo de agua con entornos que invitan al descanso y a los frescos chapuzones. El canal que une a este ojo de agua con el Golfo de Campeche también merece una visita, puede ser recorrido en lancha o por los senderos que le rodean.

Finalmente, a poco más de 7 kilómetros se alza el pueblo de Bécal, siempre vestido de fiesta con sus artesanos que elaboran estupendos sombreros de palma, cestería y bordados excepcionales. Su iglesia y las casonas coloniales que cohabitan con las casas mayas tradicionales, son un distintivo de Bécal. En la plaza principal, la fuente está formada por tres enormes sombreros, como un homenaje a los hábiles artesanos de la región.

En el mercado y en los comedores del Camino Real, no se pueden omitir las joyas gastronómicas campechanas: los panuchos, las empanadas, el puchero, el bistec de cazuela, el chocolomo que es guiso de carnes y riñones; el famoso pan de cazón, el pámpano en escabeche, el frijol con puerco, el pavo en escabeche, y un sinfín de delicias culinarias con acentos mestizos que son inigualables.

Asómate a Campeche y regálate esta ruta de tiempos inmemoriales; en ella descubrirás los secretos más íntimos de esta tierra rica en tradiciones, historia y naturaleza pródiga.

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