Los Altos de Jalisco, por los azules caminos del agave

Los Altos de Jalisco, por los azules caminos del agave

Los Altos de Jalisco y sus montañas azules de aromas tequileros, guardan pintorescos poblados con tradiciones de añejas referencias.

Con profundos ecos de la Cristiada, con un sorprendente fervor religioso, con asombrosas joyas coloniales, hermosas haciendas, jimadores y artesanos de alta escuela, con sofisticados secretos culinarios, y sobre todo con gente orgullosa de sus raíces y su herencia agavera, esta región de Jalisco lleva lo más entrañable de las tierras mexicanas.

El viaje inicia en Zapotlanejo muy cerca de Tonalá, y llega un poco más allá de San Juan de los Lagos. En él podrás descubrir la intimidad de una de las regiones con más abolengo y atavismos culturales del México profundo, donde las costumbres permanecen prácticamente intocadas y los poblados visten siempre sus mejores galas.

En este recorrido de poco menos de 300 kilómetros podrás conocer el alma de Los Altos de Jalisco. Nuestra ruta es de caminos seguros y distancias cortas, por lo que la experiencia no incluye sobresaltos ni interrupciones fuera de programa.

Los Altos de Jalisco: el inicio en Zapotlanejo

Desde Tonalá se necesitan 42 kilómetros para llegar a Zapotlanejo, que es la puerta de Los Altos de Jalisco. La localidad destaca por su industria textil, existen más de dos mil establecimientos con venta de mayoreo y menudeo de ropa de todos los estilos; sin duda, es un buen lugar para las compras, y en su mercado puedes degustar la suculenta birria roja y el menudo, famosos en toda la región.

Unos 50 kilómetros más adelante se encuentra Tepatitlán, uno de los pueblos más atractivos de la zona. Su Parroquia de San Francisco de Asís con elevadas torres de estilo neoclásico atrapa la atención, y las antiguas casonas decimonónicas alrededor de la plaza no se quedan atrás. Muy cerca, la presa del Jihuite se esconde entre una profusa vegetación de eucaliptos y pinos, que en contraste con la tierra roja y el espejo de agua es de sorprendente belleza.

Una vez abrazado Tepatitlán, hay que dirigirse hasta Arandas, que está a poco más de 90 kilómetros de distancia. En el trayecto destacan los campos de agave azul y las viejas haciendas tequileras, con sus degustaciones y sus tequilas de buena casta.

Al llegar, la Parroquia de San José Obrero roba todas las miradas; sus elevadas torres, su fantástico rosetón y su campana original, que es la más grande del país y descansa a un costado del templo, merecen una visita. Arandas invita a ser caminada por su hermosa plaza principal, y por sus portales donde es una tradición tomar café y ver pasar a los paseantes.

Aquí es indispensable probar los dulces de leche, y acercarse a los ranchos tequileros para conocer de cerca el proceso de elaboración del tequila. Muchos de estos licores no se comercializan en los mercados convencionales, así que no olvides llevar algunas botellas contigo a casa.

La ruta continúa hacia San Miguel El Alto, que está a unos 70 kilómetros de Arandas. Esta comunidad tiene una espectacular plaza central de cantera rosa con un quiosco al centro; por cierto, su plaza de toros también fue construida con esta cantera que se puede observar incluso hasta en el interior de los toriles.

Aquí es imperdible visitar los talleres de cantera, donde los maestros escultores elaboran magníficas obras de arte. Se vuelve necesario llevarse a casa una de estas sofisticadas obras talladas en piedra, a precios que no encontrarás en ningún otro lugar. Y antes de dejar el pueblo, no debes perderte probar su exquisito borrego al pastor, su pozole y sus ponches de frutas.

Santa Ana de Guadalupe y San Juan de Los lagos

A unos 12 kilómetros de San Miguel se encuentra Santa Ana de Guadalupe, que presume una parroquia dedicada a Santo Toribio, quien fuera un sacerdote mártir de tiempos de la Cristiada recientemente canonizado, y es el patrono de los inmigrantes. Los testimonios aseguran que en los momentos en que las personas sufrían algún percance en su intento por cruzar la frontera, él aparecía para dar alivio a estas almas en pena.

En Santa Ana de Guadalupe son típicos los puestos que ofrecen pencas de agave cocido con piloncillo, su dulce y agradable sabor es inigualable.

A 20 kilómetros de aquí, se encuentra San Juan de Los lagos, que es el centro religioso más importante de la región y posiblemente el segundo del país, después de la Villa de Guadalupe en la Ciudad de México.

La Catedral Basílica de la Virgen de San Juan de Los Lagos recibe todos los años a miles de peregrinos, que se acercan con fervor y devoción. El edificio fue erigido a finales del siglo XVII, sus torres y la fachada de acentos barrocos son una joya novohispana. En su interior, la Virgen de San Juan descansa sobre un altar recubierto en hoja de oro.

En los alrededores del santuario se encuentran puestos que ofrecen los exquisitos dulces de leche de la región, además de artículos religiosos y magníficos textiles bordados. En el mercado la birria, los moles, los pambazos, los sopes y los suculentos panes con nata fresca, son imperdibles.

Encarnación de Díaz y Teocaltiche

Encarnación de Díaz está a poco más de 40 kilómetros de San Juan de Los Lagos, y es un rincón de místicas referencias. En su Cementerio del Señor de la Misericordia los cuerpos de los difuntos no se descomponen, sino que se momifican gracias a que el agua de la zona ostenta un alto contenido de sales minerales, y porque predomina el clima seco.

En el pueblo se encuentra el Museo de las Ánimas, que exhibe piezas relacionadas con las tradiciones funerarias de la región, así como algunas de las momias encontradas en el cementerio. También aquí vale mucho la pena visitar el Museo Cristero, que presenta interesantes documentos de esta etapa histórica de los años veinte del siglo XX.

No menos interesantes son los talleres y tiendas de alfarería, que también exhiben finos vitrales emplomados de la región. Y no se puede uno despedir de este lugar sin probar sus tradicionales picones, que es un pan relleno de pasas y ate, cubierto de azúcar.

Finalmente, a 50 kilómetros de San Juan de Los Lagos se halla el poblado de Teocaltiche, con su hermosa Capilla del Ex Hospital de indios, del siglo XVI, que es uno de los edificios más emblemáticos de la región; el lugar actualmente funge como biblioteca.

En Teocaltiche es muy interesante la tradición artesanal. Sus textiles son de excepcional belleza, así como la talla de madera, y es muy peculiar el tallado en hueso, que combinado con madera dan como resultado finas piezas de ajedrez y otras miniaturas. Antes el poblado, no dejes de probar el queso de tuna, los dulces de guayaba y las palanquetas de nuez.

En tu próximo viaje a Guadalajara realiza esta ruta por Los Altos de Jalisco; sus campos de agave, sus tequilas locales, sus edificios novohispanos, la sazón de su gastronomía y la calidez de su gente, te atrapará y te dejará vivencias inolvidables.

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