La región de la cultura totonaca en Veracruz

La región de la cultura totonaca en Veracruz

Las huellas de la cultura totonaca en Veracruz, han permeado una región que lo tiene todo para pasar unas vacaciones de ensueño con la familia.

En la zona serrana, el Pueblo Mágico de Papantla con sus esencias de vainilla y sus voladores tiene el encanto de sus tradiciones. Muy cerca, la zona arqueológica del Tajín con su emblemática Pirámide de los Nichos y sus 17 juegos de pelota sorprende al viajero. Ya acercándose a la costa, el poblado de San Rafael de reminiscencias francesas atrapa al visitante.

Las playas cálidas de la Costa Esmeralda, sus extensos manglares, sus campamentos tortugueros y su excelsa gastronomía, son el lugar para noches idílicas. Finalmente, la Barra de Cazones es una región de manglares con más de 18 kilómetros de playas prácticamente intocadas, un río que desemboca en el mar y espléndidos arrecifes de coral; un paraíso para los más aventureros.

Aquí te dejamos algunas recomendaciones para que te sumerjas en la Región Totonaca, y tengas una estancia inolvidable.

Cultura totonaca en Veracruz: Papantla y el Tajín

El Pueblo Mágico de Papantla es conocido por sus famosos voladores, y porque su vainilla es la mejor del continente. Cuando se llega a este poblado, casi siempre la gente está reunida en la plaza principal esperando a los hombres que vuelan.

Los voladores de Papantla descienden varias veces al día, en una danza aérea que ya existía 500 años antes de la conquista. Este ritual tiene que ver con la invocación de la fertilidad de la tierra, y su importancia es tal que, desde los 5 años, los niños asisten a las escuelas de voladores. Volar en Papantla es una tradición que ha pasado por muchas generaciones, y para las familias es un orgullo tener un volador en casa.

En la plaza también se pueden ver las hermosas artesanías elaboradas con vainilla, instrumentos como tambores y flautas de carrizo, y la vestimenta tradicional de los voladores. Cuando el ritual ha finalizado, es tiempo de conocer la Parroquia de Nuestra Señora de la Asunción, a un lado de la plaza.

El templo fue construido en el año 1700, y su atrio es sede de los eventos y fiestas más importantes de la comunidad. A un costado de la iglesia, el Mural Escultórico de la Cultura Totonaca es espléndido. La obra fue realizada por el artista veracruzano Teodoro Cano, y es un patrimonio cultural de gran valor para los papantecos. Desde aquí se llega facilmente al Cerro del Campanario, donde está el monumento al Volador con vistas espectaculares.

No podrás dejar Papantla sin llevarte un poco de su famosa vainilla. En el mercado Hidalgo puedes conseguir extracto, vainas y deliciosos helados; y ya que estás ahí, no dejes de probar el caldo de flor de izote, los deliciosos zacahuiles (tamales enormes de la región), y los besos papantecos, que es una bebida local preparada a base de vainilla, aguardiente y leche condensada.

A 10 kilómetros de Papantla está la zona arqueológica de Tajín, que fue una de los centros político-religiosos más importantes de Mesoamérica. Su edificio más conocido es la Pirámide de los Nichos, conformada por 365 nichos nos da una idea de los avances totonacos en el uso del calendario solar, y en general de su cosmovisión.

No menos interesantes son los 17 juegos de pelota de la zona, las fantásticas pinturas murales y las decenas de plazas, templos y pirámides con las que cuenta el conjunto. Es digno acercarse al Museo del Sitio para conocer más sobre esta cultura y su influencia en los territorios de Mesoamérica.

San Rafael y Nautla

Muy cerca de la costa, a 15 kilómetros de Nautla se encuentra el encantador pueblo de San Rafael. Su historia inició con una pequeña colonia de franceses que llegó en 1833 proveniente de Dijón, y se estableció en el poblado de Jicalpetec a unos 8 kilómetros de ahí. Con el tiempo, los franceses y los indígenas de la zona se fueron trasladando a lo que hoy es San Rafael: un pintoresco poblado con una arquitectura típica de la Haute Savoie, que es una región de los Alpes franceses.

Hoy, los descendientes de estos pioneros galos aún habitan el lugar. Algunas de sus actividades primordiales son el cultivo de la vainilla y del plátano, de hecho, es muy cotizado su vinagre de plátano, utilizado en la alta gastronomía.

En el poblado y sus alrededores existen algunas pensiones agrícolas muy recomendables. La Maison Couturier, una antigua finca francesa de 1890, cuenta con una decena de habitaciones y maravillosos jardines que se pueden recorrer en bicicleta. Los paisajes de campiña francesa son una delicia, y en su pequeño restaurante casero se pueden degustar ricos platillos como conejo asado, pavo al horno y pato a la naranja. Es una excelente opción para pasar la noche en contacto con la naturaleza, sin dejar de lado las comodidades y el buen gusto.

Nautla también tiene una interesante arquitectura con influencia francesa, como sus techos de tejas típicas que los colonos franceses trajeron desde la región gala de la Lorraine. El puerto y las playas de la localidad son tranquilos y bellos, y por supuesto su gastronomía tiene mucho que decir. Los huachinangos a la veracruzana aquí son particularmente apetecibles, y ni qué decir de las jaibas al mojo y los cocteles de mariscos.

La Costa Esmeralda y Barra de Cazones

En Nautla inicia lo que es propiamente la Costa Esmeralda, con sus 58 kilómetros de playas impolutas, aguas de tonalidades esmeraldas, arena fina y un oleaje moderado. Sus hoteles son fabulosos, en muchos casos son pequeños y familiares y cuentan con estupendas playas privadas.

De Nautla hacia Tecolutla, las playas más atractivas son Maracaibo, Casitas, Monte Gordo, Playa Oriente, La Vigueta y La Guadalupe. Entre estas dos últimas, es espectacular una extensa zona de manglares conocida como Ciénega del Fuerte. En el lugar se puede practicar kayak y paseos en lancha. Esta zona protegida es un rico ecosistema con una fascinante biodiversidad, excelente para el avistamiento de aves.

Al norte de la Costa Esmeralda, frente al río Totonacapan se yergue la comunidad playera de Tecolutla; sus playas se extienden hasta la Barra de Lima y la Barra de Tenixtepec. La zona destaca por su extraordinario patrimonio ecológico; por ejemplo, el desove de la tortuga lora es un fenómeno entrañable. De hecho, son comunes los campamentos tortugueros en la playa, donde se puede participar en la liberación de las pequeñas tortugas entre mayo y diciembre.

En la región, los esteros son muy atractivos para los paseos en lancha. Entre los más conocidos está La Cueva del Pirata, donde se encuentran viveros de mojarras, diversas especies de cangrejos y algunos cocodrilos cerca de las orillas.

Desde Tecolutla se llega hasta la estupenda Barra de Cazones. La zona es bañada por el océano y el río Cazones, y cuenta con 18 kilómetros de costa y una riqueza natural muy importante. Aquí cohabitan diversos ecosistemas: manglares, humedales, esteros, playas, el río e incluso un exótico arrecife de coral negro.

El lugar es ideal para los amantes de la aventura, pues se puede practicar el senderismo, la pesca, el buceo y el avistamiento de aves y tortugas. Las expediciones en lancha hasta el islote El Farallón, que es un antiguo refugio de piratas donde se practica el rapel y la pesca de ostiones, bien vale la pena. Chaparrales, que está al norte de la barra, es una playa muy tranquila y solitaria donde las tortugas lora vienen a desovar una vez que ha caído la tarde.

No podrás irte de Cazones sin disfrutar de su excelsa gastronomía totonaca y huasteca. El pescado asado en hoja de totomoxtle es impactante, y las brochetas de camarón asadas al carbón tampoco se olvidan.

En fin, para tus próximas vacaciones no dejes de contemplar esta región que lo tiene verdaderamente todo.

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