El Pueblo Mágico de Xilitla, en la Huasteca Potosina

El Pueblo Mágico de Xilitla, en la Huasteca Potosina

El Pueblo Mágico de Xilitla es un destino que surca entre lo maravilloso de su naturaleza y lo fantástico de su arquitectura surrealista.

En la exuberante selva de la Huasteca Potosina, si se avanza de sur a norte, el verdor y la exuberancia se expresan de manera majestuosa. Entre esta espesura húmeda de ríos, cascadas y exóticos entornos, se yergue el pequeño Pueblo Mágico de Xilitla, que guarda rincones dignos de los libros de fantasía.

Hasta estas profundidades extravagantes de nuestra geografía, a mediados del siglo pasado llegó un millonario excéntrico, ahijado del rey Eduardo VII de Inglaterra, quien dejó aquí el único jardín escultórico surrealista en el mundo.

Edward James, que era en esta época mecenas de varios artistas surrealistas como Salvador Dalí, René Magritte y Leonora Carrington, dejó plasmadas sus ensoñaciones más estrambóticas y extravagantes en este lugar. El sitio exacto lo decidió a partir de la experiencia que tuvo cuando se bañaba en una poza con cascada rodeada de espléndidas orquídeas, donde súbitamente fue abarcado por una nube de mariposas que se posaron sobre él.

Desde la ciudad de San Luis Potosí, hay que tomar rumbo a Río Verde que está a 130 kilómetros aproximadamente; desde esta comunidad hay que continuar hasta Ciudad Valles, que está a otros 135 kilómetros de distancia. Una vez en Ciudad Valles hay que seguir el camino que lleva al pueblo de Huichihuayán, donde se encuentra la desviación que va hasta Xilitla. Se necesitan por lo menos unas 4 horas de camino a buen paso.

El Pueblo Mágico de Xilitla

El Pueblo Mágico de Xilitla hay que saborearlo despacio, y es que todos sus rincones tienen algo que decir.

En sus calles principales, que son Miguel Hidalgo, Mariano Escobedo y Corregidora, se van descubriendo elegantes casonas que están aquí desde el ilustre pasado cafetalero de la población. En esas épocas de bonanza (siglos XVIII y XIX), la localidad era conocida en todo el estado como la Atenas Huasteca; los lugareños lucían vestidos glamurosos, los varones iban a estudiar a Europa, y las hijas se afanaban en actividades artísticas como la música, la poesía y la pintura.

El Ex Convento de San Agustín, del siglo XVII, es el edifico más icónico de la zona. Luce todavía un espléndido campanario desde donde se tienen las mejores vistas del pueblo, del cerro de la Silleta y de su entorno.

En la plaza principal, el Jardín Hidalgo, los tianguis dominicales ofrecen delicias de la gastronomía local como los zacahuiles, que son tamales de dos metros de largo, hechos con masa, chile chino y carne de cerdo o pollo. El chicharrón de res tampoco tiene desperdicio, el frijol colonial es muy de aquí, con el maíz negro se elaboran las mejores tortillas de la comarca, el pan de queso es único, y los bocolitos de guisado son espectaculares. Y la fiesta no está completa sin los suculentos atoles y cafés humeantes.

También aquí se pueden encontrar las velas color ámbar para honrar a los muertos, o artesanías como joyerías de semillas, bellas figuras de barro, o incluso utensilios de cocina hechos con madera de mora, que se dice que es la más resistente.

Cuando se cree haberlo visto todo, inicia la Huapangueada, que es orgullo de los xilitlenses. En un templete al centro de la plaza y en los mismos puestos del tianguis, decenas de grupos tocan sus mejores piezas, mientras mujeres, hombre y niños se lanzan a bailar en los tablados con máscaras de carnaval. La fiesta inunda los confines más remotos de la selva huasteca.

El paraíso surrealista de Edward James

A solo 3 kilómetros del pueblo se encuentra el maravilloso jardín escultórico de Edward James, conocido como Las Pozas. Este rincón perdido en la selva está cubierto de musgos, hongos y helechos, y desde que se llega sorprenden los arroyos, pozas y cascadas, las esculturas y estructuras que salen de improviso de la tierra.

nesperadamente, aparecen columnas invertidas, escaleras de caracol que no llevan a ningún lado, aviarios, mariposarios, unas manos de piedra que salen de la tierra, extrañas ventanas góticas, serpientes que se convierten en palomas, jacuzzis en forma de ojos, puentes que cruzan el arroyo, y edificios con torres orgánicas que retan el sentido común y la ley de la gravedad.

Te puedes pasar horas descubriendo estas originales estructuras que se esconden en más de 30 hectáreas de selva, y del mismo modo puedes refrescarte durante todo el día en las maravillosas pozas de este jardín exuberante. A un lado del parque vale la pena acercarse a Los Comales, un área donde se encuentra una imponente cascada que es de los secretos mejor guardados de la región.

Si quieres seguir las huellas de Edward James, acércate en el pueblo a la casa que habitó desde las épocas en que creó el jardín escultórico, entre 1949 y 1984. El “Castillo de Sir Edward James”, como es conocido el lugar, hoy es un bello hotel boutique que puede ser visitado para conocer los pasadizos secretos, los extraños tubos deslizantes y las estupendas galerías al aire libre con los que cuenta.

Sin duda, la obra de James recuerda los preceptos y teorías del surrealismo, así como la arquitectura orgánica, de la cual el catalán Antonio Gaudí fue el principal representante.

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