Vive la Ruta de las Misiones en Sonora

Vive la Ruta de las Misiones en Sonora

La Ruta de las Misiones es un viaje de intensas sensaciones para los que buscan ir un poco más allá de los destinos vacacionales tradicionales.

Desde Hermosillo, podrás ser testigo de la epopeya misional de Eusebio Kino en el inmenso territorio del estado de Sonora. Las huellas de esta proeza evangelizadora entre paisajes de inaudita belleza, es una de las experiencias de viaje más extraordinarias que se pueden realizar en nuestro país.

Los rincones más insólitos y extravagantes están presentes en esta aventura que recorre los sinuosos horizontes de la Alta Pimería.

La Ruta de las Misiones desde Hermosillo

Conviene comenzar la Ruta de las Misiones desde la ciudad de Hermosillo, a muy temprana hora para aprovechar al máximo la luz del día. Busca las ofertas de vuelos que te llevarán hasta el aeropuerto de Hermosillo en sólo unas pocas horas, para comenzar esta aventura muy temprano al siguiente día.

La expedición inicia en la carretera que va hacia Magdalena de Kino, donde más adelante hay que desviarse hacia la carretera 54 que lleva a Cucurpe. Ahí se encuentra la primera misión. El camino es de inmensidades y soledades, aunque de vez en cuando viñas y olivos visten el paisaje.

En el Palacio Municipal de Cucurpe se tiene el primer encuentro con el fraile jesuita Eusebio Kino: un medallón con el personaje montado a caballo que, por cierto, no abandonó hasta terminar con su misión, misma que le llevó más de 24 años y 40 expediciones evangelizadoras.

La Misión de Cucurpe (1689) todavía conserva algunos de sus muros, el campanario y arcos que miran hacia el imponente Cañón de las Manos Pintas, el cual esconde exquisitas pinturas rupestres. Un poco más adelante en el camino se encuentra la Misión de Nuestra Señora de los Dolores de Cósari (1687), de la cual hoy sólo quedan sus viejos cimientos, una bella espadaña conmemorativa y su cementerio, donde reposan los restos de los frailes anónimos que retaron estos arenales infinitos.

Sólo ellos con su vocación inquebrantable lograron internarse  hasta estos yermos deshabitados, porque durante dos siglos Sonora fue inconquistable; emperadores, reyes, capitanes, navegantes, virreyes y audiencias quisieron adueñarse de estas tierras impenetrables, pero fracasaron en el intento.

Magdalena de Kino y Santiago de Cocóspera

Magdalena de  Kino es donde se encuentran los restos del misionero, quien llegó en 1687 y murió en 1711, a los 70 años de edad. El hombre murió como había vivido: humilde, sobre pieles de carnero como colchón, una silla de montar como cabecera y dos frazadas tejidas por los indios.

En la Plaza Municipal yacen los restos mortales de Kino, entre bellas pinturas murales que representan pasajes de su vida. Aquí también está el icónico Templo de Nuestra Señora de María Magdalena, la Casa de la Cultura, la zona del mercado de artesanos y los restaurantes donde se pueden degustar los mejores cortes de carne sonorenses.

A 5 kilómetros del centro de Magdalena está el Templo de San Ignacio de Cabórica, que fundó Kino en 1690. Un poco más hacia el norte, a unos 40 kilómetros, está una de las misiones más bellas: Nuestra Señora del Pilar y Santiago de Cocóspera (1689).

El templo se yergue en un promontorio elevado que regala postales de excepción. Enormes nogales regalan sombra y devoran los muros de la misión. Sin embargo, la fachada se mantiene intacta; en el interior el altar, los nichos y algunas esculturas que han resistido el paso del tiempo son impresionantes.

Tubutama, Oquitoa, Pitiquito

Desde Magdalena de Kino, por la carretera 49 que lleva a Caborca, se llega a la comunidad de Tubutama. Ahí, la Misión de San Pedro y San Pablo de finales del siglo XVII, con su inmaculada fachada blanca que ostenta hermosos ornamentos, columnas, nichos y capiteles, es una de las más bellas de toda la ruta. En su interior lucen interesantes arcos moriscos, un imponente altar con frescos exquisitos, y en su pequeño museo religioso destaca una bella pila bautismal.

Y a 20 minutos de Tubutama, en la pequeña comunidad de Oquitoa, está la hermosa Misión de San Antonio de Padua; aunque fue erigida por fray Junípero Serra, también sus encuentros con Kino en la época evangelizadora. El emplazamiento de la vieja misión en medio del antiguo campo santo le da un aire de profundo misticismo. Su estado de conservación es llamativo, sus obras pictóricas son joyas virreinales.

A pocos minutos también está la Misión de Pitiquito (1694), que tiene la particularidad de distinguirse de las demás por sus inconfundibles similitudes con las misiones californianas. Esto, sin duda, tiene que ver con que la misión fue reconstruida por los franciscanos en 1782, quienes estaban en ese momento en pleno proceso evangelizador en las regiones de lo que hoy es California en los Estados Unidos.

El final en Caborca

El recorrido de la Ruta de las Misiones finaliza en Caborca. La ciudad tuvo su origen con la Misión de Nuestra Señora de la Concepción de Caborca que Kino fundó en 1692. Gracias a los empeños del fraile, aquí en la Alta Pimería el trigo, la uva, el olivo, el membrillo y el ganado fructificaron a orillas del Río Colorado.

Hoy, en el centro de la plaza destacan unos notables arcos que rodean un templo construido por los franciscanos en el siglo XI; la fachada con hermosos balcones, ventanales y un viejo portón de madera es de gran belleza.

Para cerrar con broche de oro, en Caborca consentirte en uno de sus típicos restaurantes: el coctel de callo de hacha, un caldo Siete Mares o sus filetes de carne son inolvidables. Y si quieres tener un dulce final de lo más sonorense, busca las coyotas rellenas de helado de vainilla, son simplemente suculentas.

Seguir los pasos de los misioneros que hace más de trescientos años surcaron estas tierras agrestes, a través de la Ruta de las Misiones en Sonora, te deja sensaciones extraordinarias. Sin duda, una de las mejores aventuras para los viajeros más conspicuos y avezados. Puedes estar seguro que después de este extravagante periplo, estarás más cerca de desentrañar los secretos más recónditos de México.

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