Tula, la Capital de los Toltecas en Hidalgo

Tula, la Capital de los Toltecas en Hidalgo

En el estado de Hidalgo se encuentra la enigmática Capital de los Toltecas: Tula, fundada entre los siglos VIII y IX de nuestra era.

Esta ciudad gobernada en el siglo X por el mítico Ce-Ácatl Topiltzin Quetzalcóatl (“Serpiente Emplumada”), es entre otras cosas hogar de los Atlantes, uno de los vestigios más espectaculares de la cuenca de México, que sin duda merece una visita.

La visita a la zona arqueológica de Tula permite sumergirse en un universo de mitos y huellas civilizatorias. Es aquí donde inició el mito de Quetzalcóatl, que se fundió con el tiempo en la representación de Kukulkán entre los mayas, llevando la cultura tolteca a la península de Yucatán;  y con los Chac-Mool en el Altiplano Central, lo que trajo el arte y la cultura maya al centro de México.

La zona arqueológica de Tula se encuentra muy cerca de la Ciudad de México. Para llegar hay que dirigirse rumbo a Querétaro, y en el kilómetro 77 está la desviación que lleva al pueblo de Tula de Allende, vecino de la zona arqueológica.

Un poco de historia

Durante el reinado de Quetzalcóatl, la ciudad de Tula era conocida por su fastuosa arquitectura de palacios y pirámides con ornamentos de piedras preciosas y plumas de aves, así como por sus esculturas y monumentos monolíticos, que hicieron eco en toda Mesoamérica.

Los espectaculares Atlantes representan a guerreros toltecas de más de 4 metros de altura, y en su momento eran columnas que sostenían el techo del gran palacio principal de Tlahuizcalpantecutli. Estos enormes monolitos labrados con gran destreza, tienen un pectoral de mariposa, orejeras, cascos, musleras, rodilleras,  dardos, un cuchillo de pedernal y un arma curva muy común en las representaciones de guerreros toltecas.

Se sabe que en épocas de Quetzalcóatl, la región contaba con tierras muy fértiles, por lo que su producción agrícola era abundante y variada. Esto, además de permitir que la zona creciera de manera importante, les dio la posibilidad de establecer interesantes intercambios con las culturas del sur y sureste del Altiplano. En la zona se han encontrado restos de productos como cacao, jade, pieles de jaguar, cerámicas chiapanecas y yucatecas, fibras y textiles guatemaltecos, entre otras cosas.

La visita a la Capital de los Toltecas

Tula fue descubierta en 1940 por el arqueólogo Jorge R. Acosta, muy cerca del pueblo de Tula de Allende, en un lugar rodeado de misterios conocido como el Cerro del Tesoro. Hoy la zona arqueológica, gracias al trabajo del INAH, presenta espacios que le dan su justo valor a palacios, pirámides y centros ceremoniales.

La visita inicia en una enorme plaza cuadrada, en la parte superior de la pirámide B, que tiene en su centro un altar con escalinatas de acceso. En uno de los lados se encuentran los Atlantes y otras columnas talladas; en el basamento piramidal de la plaza se pueden ver relieves decorativos de jaguares, coyotes, águilas y buitres devorando corazones, serpientes engullendo hombres y, por supuesto, Quetzalcóatl que emerge de entre las fauces de un animal fantástico (una fusión de jaguar, águila y serpiente).

El Palacio Quemado –conocido con este nombre por haberse detectado las huellas de un gran incendio que destruyó parte de su estructura–, es de gran belleza y fue el principal recinto sagrado de la ciudad, que en su momento de mayor auge tenía una extensión de 16 kilómetros cuadrados. El edificio tiene tres patios con columnas talladas, que entonces sostenían el techo del palacio. En los muros todavía pueden verse relieves que representan a guerreros en procesión con elegantes indumentarias.

Frente a este palacio hay un espectacular Chac-Mool, y a un costado están dos canchas de juego de pelota, algunas habitaciones que todavía mantienen sus techos, y los temazcales sagrados. El Museo del Sitio también es muy interesante; sus ocho salas enriquecen tu visita con exhibiciones de piezas encontradas en la zona, desde su descubrimiento en 1940.

La zona arqueológica de Tula es una de las máximas joyas prehispánicas con las que cuenta el país, y está a poco más de una hora de la Ciudad de México. Escápate a este mágico destino, que en sus alrededores además cuenta con otras amenidades, como la Presa Requena, varias albercas y balnearios de aguas termales, perfectos para complementar tu jornada.

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