Parque Chipinque en Monterrey, oasis y refugio natural

Parque Chipinque en Monterrey, oasis y refugio natural

El Parque Chipinque en Monterrey es el oasis y el pulmón de los regiomontanos, y la puerta de entrada a la Sierra Madre Oriental.

En el municipio de San Pedro Garza García, frente a los cerros del Copete del Águila, La Ventana, Las Antenas y La Eme, se encuentra este bosque fantástico que contrasta con el agreste desierto neoleonés.

Chipinque es un refugio natural con caminos que conducen hasta los parajes más apartados de lo que se conoce como el Parque Nacional Cumbres de Monterrey, un Área Natural Protegida de más de 177 000 hectáreas. Bosques de coníferas y encinos, matorrales submontanos e impresionantes riscos, son los escenarios que los regiomontanos aprovechan para sus paseos familiares.

Chipinque es también privilegiado para los amantes de la aventura y la naturaleza. En este remanso de la Sierra Madre Oriental existen excelentes puntos para la observación de aves y mariposas, miradores con vistas impresionantes, facilidades para realizar campismo, escalada y rappel, áreas de descanso para expediciones de alta montaña, y caminos para bicicleta, entre otras cosas.

Parque Chipinque en Monterrey

Al entrar al parque lo primero que salta a la vista es el Centro de Atención, donde puedes  desde adquirir un mapa hasta contratar un guía, si deseas ir un poco más allá de las rutas tradicionales propuestas por el parque. En el lugar también se encuentra el Museo Interactivo la Bellota, donde podrás acercarte a temas de conservación y a datos que ilustrarán tu visita, como el hecho de que en la zona hay más de 230 especies de mariposas y más de 115 especies de aves, e incluso algunos animales en peligro de extinción como el oso negro y el gato montés.

Con el mapa ubicarás todas las áreas del parque y sus veredas. Las primeras brechas te llevarán hasta el Observatorio, desde donde se tienen hermosas vistas de la ciudad; más adelante, dejando atrás la zona de matorrales, te encontrarás súbitamente en un formidable bosque en donde podrás observar tejones, mapaches, cenzontles, charas  verdes y las bellas aguilillas cola roja.

En el Paraje de Canoas descubrirás un gimnasio al aire libre, y un poco más allá el mirador la Peñita ofrecerá postales espléndidas de la ciudad. Al final de la carretera que sube por el parque se encuentra la Meseta, que es un área de descanso con un teatro al aire libre y áreas de juegos. Aquí también está el mariposario y el insectario, además de áreas con asadores y mesas rústicas para las infaltables carnes asadas.

A la conquista de los picos más altos

Desde la Meseta salen las sendas hacia los picos de las serranías aledañas, aquí inician las rutas más extremas. La Vereda de las Cumbres te lleva hasta el cerro de la Eme, después de un par de horas de caminata llegarás hasta las partes más alta, desde donde se pueden apreciar en primer plano los picos montañosos, un poco más abajo las veredas y miradores del parque, y a los pies de la serranía te sorprenderán los panoramas del eterno valle árido donde se extiende la enorme mancha urbana de Monterrey.

Desde este cerro conviene tomar las brechas que van por los cordones de las crestas montañosas para encontrar otros picos de imponente presencia. En menos de una hora y media estarás en el pico de Las Antenas, también de riscos impresionantes. Desde este punto existe un camino conocido como La Manzanita que te lleva hasta el área para acampar, que cuenta con todos los servicios necesarios para pasar veladas espléndidas.

El Copete de las Águilas, el último refugio

Desde tu campamento puedes iniciar una travesía por la Brecha del Empalme hacia el pico más alto: el Copete de las Águilas, que está a más de 2 200 metros de altura. En el camino aparecerá la pequeña Capilla de la Virgen, y un poco después el Paraje de las Delicias con su maravilloso jardín de mariposas.

Un par de horas después se llega a La Mesa del Epazote, que es otro lugar para acampar en una meseta privilegiada que regala postales de excepción. Aquí inicia propiamente el ascenso hacia el Copete de las Águilas. Un par de horas son suficientes para llegar hasta esta cordillera, desde donde se pueden ver los otros picos, el parque y la ciudad de Monterrey a lo lejos, que contrasta con el verdor de estos refugios y santuarios naturales.

El oasis de Chipinque es un regalo de la naturaleza para los regiomontanos, y propicia una cultura de respeto y aprecio por la naturaleza, que garantiza su permanencia para las futuras generaciones. En tu próxima visita a Monterrey no dejes de visitar este parque excepcional, quedarás sorprendido por su belleza y magnitud. ¿Quién hubiera imaginado que existen este tipo de refugios verdes tan cerca de una de las ciudades más calurosas del país?

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