Expedición por el Desierto de Baja California

Expedición por el Desierto de Baja California

Recorrer el Desierto de baja California es una de las expediciones más extremas y gratificantes que se pueden tener en territorio nacional.

Desde Bahía de los Ángeles en Baja California, se puede hacer una ruta que lleva hasta el corazón del indómito desierto, donde yacen dormidos en el tiempo los vestigios de mujeres y hombres que, venciendo todas las adversidades, se asentaron en estas apartadas tierras.

Entre los enormes monolitos y cuevas están las pinturas rupestres, en los valles desolados las misiones, y a lo lejos sólo los cirios y cardones gigantes que han sido los testigos de otros tiempos.

Todo inicia en la Bahía de los Ángeles

Bahía de los Ángeles, en el Mar de Cortés, es un santuario natural de excepción. Desde aquí son espectaculares las vistas de la Isla del Ángel de la Guarda y de otra docena de islas más pequeñas; en estas aguas viven los maravillosos tiburones ballenas, enormes mantarrayas, peces vela, tortugas marinas, ballenas grises y una fauna acuática fantástica que puedes explorar buceando.

La Isla del Pescador es de las más atractivas, ya que es un espectacular hábitat de aves como gavilanes, pelícanos, gaviotas y un sinfín de especies migratorias. Frente a la isla, la idílica Playa del Pescador es solitaria y regala espléndidas vistas de la sierra; sus aguas son transparentes y su arena es blanca y fina. Las cabañas que descansan en la playa son el mejor refugio antes de emprender la expedición por el desierto.

Para las expediciones por el desierto de Baja California es importante ir bien preparados. Es imprescindible una buena camioneta de doble tracción (que puedes alquilar en Bahía de Los Ángeles), ya que los caminos son difíciles y muy arenosos; además, es recomendable la compañía de un buen guía.

No olvides llevar mucha agua en recipientes adecuados, calzado apropiado como botas de montaña, pantalones largos para evitar las espinas y ortigas, una buena chamarra, gorra o sombrero, y comida suficiente para al menos un día completo. También es recomendable utilizar bloqueador solar para evitar quemaduras.

La Misión de San Francisco de Borja

El trayecto desde Bahía de los Ángeles requiere de poco más de dos horas, y en él se pueden disfrutar espléndidos paisajes de cientos de especies de cactáceas, que en invierno florean y forman una tenue alfombra multicolor que cubre el desierto. En estos horizontes habitan las águilas reales y los halcones, zorros, liebres, venados cola blanca, camaleones, y otras especies que se han adaptado a este clima.

La Misión de San Borja emerge de entre las montañas y los cactus gigantes, a un costado de un oasis. El lugar fue erigido en 1758 por el misionero jesuita George Retz, aunque fue terminada en 1762. Del primer edificio de adobe que fuese el primer templo, hoy sólo quedan algunos muros.

Con la expulsión de los jesuitas de la Nueva España en 1768, a la zona llegaron los franciscanos que permanecieron hasta 1773, que fue cuando arribaron los dominicos para terminar la construcción, en 1801; esta última es la que permanece prácticamente inalterada.

La fachada principal de la misión presume bellas pilastras de cantera labrada, así como puertas y ventanas también enmarcadas con diseños de cantera. La iglesia luce un bello coro, y más adelante en el presbiterio se ubican la capilla y la sacristía. Desde allí se extienden una serie de crujías que integran la casa misional.

Los interiores son oscuros y frescos; enormes portones comunican las distintas habitaciones. Destaca la austeridad absoluta, sólo una bella pila bautismal y algún crucifijo en los muros. El silencio es absoluto, y en medio del infinito desierto es fácil imaginar la vida monacal de los misioneros venidos desde Europa hasta estas tierras inhóspitas, tan lejos de las comodidades de las grandes urbes.

Algo destacable es que el oasis está prácticamente intacto, todavía quedan incluso algunas viñas que datan de hace más de ¡200 años! Aquí también están los manantiales originales rodeados de exóticas palmas azules, que son endémicas, enormes mezquites, árboles frutales y de una gran cantidad de aves. Este es el único reducto donde se puede sobrevivir a muchos kilómetros a la redonda.

Pinturas Rupestres en el Desierto de Baja California: Montevideo

Desde aquí existe una desviación de menos de 8 kilómetros que lleva hasta las fabulosas Pinturas Rupestres de Montevideo. Detrás de un bosque de cirios y cardones, se divisa un enorme muro rocoso con decenas de cuevas y cavidades superficiales; con la dorada luz de la tarde se descubren desde lejos algunas pinturas, vestigios ancestrales de los primeros habitantes del desierto.

Cuando se llega al pie de los riscos, se descubre que el área es muy amplia. Al escalar los rocosos montículos se tienen súbitamente las pinturas rupestres de frente; son diseños figurativos abstractos, en algunos casos representaciones de animales, aunque la mayoría de los trazos son más bien geométricos, además de algunos astros.

Predominan los tonos ocres, que se obtenían de la hematita (óxido de hierro), el blanco de piedras calizas, y los amarillos y anaranjados de las plantas del desierto. Estas misteriosas pinturas resguardadas en cuevas tuvieron muy probablemente una función de carácter ceremonial. Son estas las voces de los cochimíes, los antiguos y milenarios habitantes del desierto que nos dejaron aquí un testimonio invaluable de su existencia y su cosmovisión.

Regálate esta aventura espectacular y descubre los secretos más escondidos del desierto de Baja California. Puedes tener la certeza de que quedarás seducido por las bellezas de la península, y este será sólo el principio de futuras aventuras.

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