El Sótano de las Golondrinas, experiencia extrema

el sotano de las golondrinas experiencia extrema

Entrar en el Sótano de las Golondrinas, en San Luis Potosí, es adentrarse en un camino directo y sin escalas al inframundo.

La primera vez que visité esta caverna quedé impactado por su tamaño. Nunca pude ver su fondo pero no puedo olvidar las ganas de saber lo que había en su interior.

Hace un tiempo me aventuré a descender a rapel con un equipo de expertos el asombroso Sótano de las Golondrinas en San Luis Potosí, y con lo primero que me enfrenté fue la condición física. Afortunadamente después de meses de entrenamientos y aprendizaje del uso las herramientas, estaba listo para una aventura que había anhelado por años.

Viajamos desde la Ciudad de México a San Luis Potosí, y nos trasladamos hasta el pueblo de Aquismón en la Huasteca Potosina. Comenzamos a subir un camino serpenteante, hasta que dimos con la entrada del Sótano, donde bajamos el equipo. La caverna se encuentra en la comunidad de Tenek, por lo que hay que hacer un pago previo para poder acceder y dejar el equipaje en una cabaña. Aquí pernoctamos esa noche para organizarnos y comenzar el descenso al amanecer.

El descenso en el Sótano de las Golondrinas

Con sus imponentes 376 metros de caída libre, se distendieron las cuerdas sobre el montaje en las rocas hasta el fondo del abismo. Los primeros empezaron a bajar hasta que tocó mi turno. Enganchado y en posición para cambiar mi arnés a la cuerda de caída libre, comencé a temblar ante el inminente sentimiento de vacío que me invadía, pero que era necesario dominar si es que quería disfrutarlo.

Una vez en la cuerda indicada, comencé poco a poco el descenso en medio de una circunferencia enorme de roca y sedimentos. Conforme más bajaba, más grande se inmenso parecía mi entorno y más pequeño el circulo de la entrada. Finalmente, alcancé a ver el suelo rocoso cubierto de verde por la humedad de su interior.

Al acercarme al fondo me di cuenta que uno de mis compañeros estaba esperándome mientras los demás merodeaban por la caverna. Así, al tocar y desengancharme grité el acertado ¡libre!, y me dispuse a caminar por entre piedras gigantes cubiertas de musgo, mientras caían gotas de agua desde lo alto.

El regreso al mundo real

Después de un tiempo de caminar por el fondo de la caverna, comenzó el verdadero reto: el regreso a la superficie. Es aquí donde tu fortaleza física y mental se pone a prueba.

Cada vez que intentaba subir, la cuerda se seguía estirando y sentía no haber avanzado nada. Además, al ser una cueva tan profunda, se produce un efecto de tiempo detenido, sin una referencia de avance. Finalmente, cansado y un poco perdido en las horas, llegué a los últimos 100 metros mientras caía el atardecer.

Entonces es cuando este sótano le hace honor a su nombre. Cientos de golondrinas regresaban a sus nidos mientras yo colgaba de la cuerda, viendo cómo la luz se desvanecía y las aves rodeándome con su particular trinado. Esa fue la cereza del pastel de mi experiencia.

Al caer la noche estaba al borde de finalizar mi ascenso, hasta que por fin pude  asegurarme en las piedras puntiagudas de la orilla y gritar de nuevo ¡libre! ¿Fue cansado? Sí, pero nada que un buen descanso y un rico café de la región no sane.

La experiencia a rapel en este lugar es inigualable, digna de verdaderos aventureros, amantes de la naturaleza y lugares recónditos que sólo los valientes conquistan. Si te gustan este tipo de actividades, no olvides visitar el Sótano de las Golondrinas.

¿Quieres recibir descuentos en tu próximo vuelo?

Ingresa tus datos y te enviaremos los mejores descuentos y promociones para tu próximo viaje.

No, no quiero viajar
Obtén descuentos