El Santuario de la Ballena Gris en Baja California

el santuario de la ballena gris en Baja California

En la Península de Baja California, se encuentra el Santuario de la Ballena Gris Laguna Ojo de Liebre, hogar itinerante de estos magníficos cetáceos.

En las colindancias de los estados de Baja California y Baja California Sur, en los confines del inmenso Desierto del Vizcaíno, entre el Océano Pacífico y el Mar de Cortés, se encuentra uno de los fenómenos naturales más extraordinarios del planeta. El Santuario Natural Laguna Ojo de Liebre resguarda temporalmente a uno de los cetáceos más impresionantes: la Ballena Gris.

La Ballena Gris viaja miles de kilómetros cada año, en una de las migraciones más extensas realizada por mamífero alguno, desde el Mar de Bering en Alaska hasta la Laguna Ojo de Liebre, para dar a luz a sus crías en las tranquilas aguas de este refugio natural. Hoy el santuario es Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO, y reserva natural protegida.

Y es que este lugar no fue siempre el remanso tranquilo que es hoy, todavía a finales del siglo XIX las aguas se llenaban de la sangre de cientos de ballenas sacrificadas en las salvajes cacerías de balleneros y piratas, que llegaban hasta aquí para masacrar a estos seres excepcionales. De hecho, este cetáceo se extinguió hace ya casi tres siglos en el Océano Atlántico Norte, pero a partir de 1947 la ballena gris fue declarada especie protegida, y gracias a ello hoy su población es de más de 23 000 individuos.

La ballena gris llega a tener hasta 20 toneladas de peso y más de 15 metros de longitud. Resulta muy particular su enorme boca que parece dividir su cabeza en dos partes, y que utilizan para alimentarse de crustáceos y plancton. Sus rituales de apareamiento en la Laguna Ojo de Liebre ocurren entre los meses de enero y marzo, y a partir de abril retoman su viaje de regreso de casi  5 mil kilómetros, hasta las costas de Alaska.

El santuario de la Ballena Gris, Laguna Ojo de Liebre

Para visitar la Laguna Ojo de Liebre hay que acercarse primero a Guerrero Negro, que es una comunidad que cuenta con todos los servicios necesarios para la estancia. En el poblado puedes contratar expediciones en lancha por la laguna, con guías especializados que te acercarán hasta sólo unos metros de las ballenas y sus crías.

La laguna está muy cerca de la comunidad; los paisajes de dunas y horizontes acuáticos durante el trayecto son espléndidos. Una vez que se llega al campamento de la ballena gris, atendido por biólogos y conservacionistas, se pueden ver los primeros ejemplares a lo lejos, realizando saltos espectaculares, siempre acompañados de sus ballenatos. También podrás ver lobos marinos, tortugas, leones marinos, elefantes-foca del norte, e incluso algunas ballenas azules que también se regodean en la laguna. Y en lo que respecta a especies terrestres, en tu trayecto verás a los solitarios coyotes, icónicos berrendos californianos, sigilosos gatos monteses, y aves de todo plumaje.

Una vez que te embarques para surcar las aguas de la laguna, la emoción aumentará a límites insospechados. Las ballenas que veías a lo lejos cada vez estarán más cerca, y conforme los encuentros se avecinen, los motores se apagarán y el viaje continuará a remo para evitar accidentes y no perturbar a las ballenas.

El completo silencio es necesario en este ritual con la naturaleza; en un primer escucharás los cantos de las ballenas que vienen de las profundidades de la laguna, y cuando tengas a estos gigantes a tu lado, escucharás sus profundas respiraciones salpicadas de agua. Ellos simplemente te contemplarán de reojo, pacíficos y curiosos, con una gigantesca ternura de 20 toneladas.

Llegará incluso el momento en que estés tan cerca que podrás acariciar a estos ejemplares de la naturaleza. Mientras esto ocurre, las crías más juguetonas se sumergirán intempestivamente y regresarán a la superficie a un lado de la embarcación, para regalar sus mejores poses. Un poco más lejos, otros cetáceos irrumpirán en la escena para ofrecer sus mejores acrobacias.

Estos gigantes del mar son dóciles y carismáticos, su presencia es un milagro de la naturaleza, y sentirlos tan cerca es una sensación única que queda como un recuerdo imborrable.

Crónicas de sal y arena

Una vez que dejes las ballenas y todavía con la adrenalina a tope, podrás recorrer con tu guía los senderos del lugar. Hacia el norte te encontrarás con los paisajes del Desierto del Vizcaíno, páramos de dunas incandescentes con cactáceas, y más allá las sierras desnudas con los tonos rojizos del atardecer.

Con rumbo sur, podrás visitar los paisajes que ofrece un desierto de sal que se pierde en el infinito. Al caminar, estarás andando sobre planicies transparentes, que no son más que lajas de sal, traslucidas y cristalinas, y debajo de ellas verás cómo corre el agua. Es decir, estarás caminando sobre enormes placas de sal en el Océano Pacífico, con interminables dunas de sal a lo lejos.

Es el paisaje más sorprendente e inaudito que hayas podido imaginar, en donde sólo hay cloruro de sodio a cientos de kilómetros. Montañas, dunas y planicies donde sólo existe el blanco y el azul de cielo, a excepción del coyote solitario que te mirará con sorpresa.

En definitiva, regalarte esta experiencia con la naturaleza en la Península de Baja California es un tema impostergable. No tengas la menor duda de que en Ojo de Liebre tendrás un encuentro contigo mismo, porque acariciar una ballena, caminar sobre el agua de los mares y perderte en un infinito de blancos y azules, deja mucho para la introspección y la meditación.

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