Visita Mexcaltitlán, la Venecia mexicana

visita Mexcaltitlán, la Venecia mexicana

A menos de dos horas de la ciudad de Tepic, en Nayarit, se encuentra la Venecia mexicana: te presentamos la asombrosa isla de Mexcaltitlán.

Mexcaltitlán significa “en la casa de la luna”, y muy probablemente se trata de la mítica Aztlán de donde los Mexicas partieron para fundar Tenochtitlán. Como sea, esta pequeña isla redonda en medio de un lago es de entrañable belleza.

Aunque los historiadores no han podido ponerse de acuerdo en relación a si Mexcaltitlán fue realmente la mítica Aztlán, existen algunas coincidencias notables. Por ejemplo, Metztli para los náhuatl era la diosa de la luna, y Tenochtitlán, al igual que Mexcaltitlán, se fundó en una isla en medio de una laguna. Además, Aztlán significa “lugar de garzas”, y si algo abunda aquí son precisamente estas aves.

Por eso a este lugar se le conoce como “la cuna de la mexicanidad”, pero lo más importante que tiene es que te seducirá en su cotidianidad más de lo que pudieras esperar.

Pasearse por Mexcaltitlán, la Venecia mexicana

La isla tiene tres calles circulares que le dan la vuelta a todo el pueblo, todo ocurre en un diámetro de aproximadamente 400 metros.

Desde que uno llega al embarcadero, la sensación es de que aquí el tiempo se detuvo; en las calles sólo hay niños, los hombres están en la laguna y canales aledaños pescando o en otras tareas del campo, mientras que las mujeres están en sus casas atendiendo las labores del hogar. Eventualmente algún anciano descansa en el pórtico de su casa, pero más adelante en la banqueta unos niños pasan el tiempo con juegos de mesa, otros andan en bicicleta, y otros con la pelota. Siempre hay bullicio y alegría.

Conforme se avanza por los callejones se nota en algunas fachadas una cierta influencia china, y es que en la zona hubo una importante influencia de este grupo que comerciaba telas, porcelanas, marfiles, y todo aquello útil para la pesca con los pobladores del lugar. En el centro de la isla se encuentra la plaza donde se yergue la iglesia, desde cuyo campanario se tienen las mejores postales del pueblo. También aquí está la Delegación Municipal, que es un bello edificio que hoy alberga un museo donde se exhiben interesantes piezas arqueológicas de las culturas mesoamericanas, sobre todo de la mexica.

Interesante resulta el hecho de que algunas casas improvisan comedores en sus porches o salones para atender a los visitantes, cuestión muy afortunada, ya que la experiencia de compartir con las familias la comida es maravillosa, y cuando llegan a la mesa los pescados blancos zarandeados y los camarones gigantes todo se vuelve ideal. Las señoras y los niños elaboran bellas artesanías con elementos marinos como conchas y, desde luego, después del frugal convivio hay que llevarse un recuerdo.

Un detalle interesante es que en el pueblo las banquetas son sumamente altas, pero esto tiene una razón. Resulta que en época de lluvias, el caudal del río San Pedro, que es uno de los que alimenta la laguna, sube de tal manera que el pueblo queda totalmente inundado. En muchos casos, a pesar de las enormes banquetas las calles se convierten en canales y la gente se tiene que transportar durante varias semanas en canoas. Es decir, estamos en presencia de la auténtica Venecia mexicana.

La vida en la Laguna

Para entender un poco sobre la vida de los hombres de la comunidad, hay que ir en las canoas y lanchas a la laguna y los canales de la zona. En este sistema lagunar se mezclan agua salada y agua dulce de los ríos, lo que deriva en una riqueza faunística excepcional.

Por los aires la cantidad de garzas, gaviotas, águilas, halcones y aves de todo plumaje es increíble, y por los confines de los manglares y la selva tropical los caimanes, serpientes, ocelotes, tigrillos, iguanas y demás fauna terrestre es también espectacular. Por debajo del agua está la principal riqueza de la región: el pescado blanco y sobre todo los excelentes camarones de la zona. Los hombres están encargados de la pesca y en algunos casos de sus parcelas tierra adentro.

Mexcaltitlán fue decretada en 1986 como Zona de Monumentos Históricos. La belleza y singularidad del pueblo no tienen discusión, pero sobre todo su magia tiene que ver con su cotidianidad, con la sencillez de la gente siempre con una sonrisa y actitud positiva, los adultos haciendo sus actividades con la alegría de quién sabe lo que tiene, y los niños haciendo de adultos pero siempre con el jugueteo y la broma fácil.

Claramente, aquí la gente ha entendido que está en un paraíso, incluso cuando tienen que llegar a sus casas en canoas, porque vivir en este clima tropical cálido todo el año, con los cielos siempre azules y las noches estrelladas, en un medio incontaminado y con una fauna portentosa, y además el sustento al pie de la calle, sólo puede ser eso: un paraíso.

Regálate la oportunidad de estar lejos de toda del bullicio citadino, y comparte la cotidianidad con los que hasta que no nos digan lo contrario, son los descendientes de la mítica Aztlán. Muy buen viaje.

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