Turismo rural en Sonora por la Ruta del Río

turismo rural en Sonora por la Ruta del Río

Cualquiera que sea el motivo de tu próximo viaje a Hermosillo, no dejes de empaparte del turismo rural en Sonora, recorriendo la Ruta del Río.

La senda que transcurre silenciosa por la ribera del río, es un oasis maravilloso del desierto sonorense. Aquí los indios ópatas, en tiempos prehispánicos, vivían en armonía con el río y el milagro de la fertilidad de estas tierras; después llegaron los misioneros y los conquistadores que fundaron pueblos y asentamientos mineros, y con ellos inició la tradición ganadera de la entidad, y la arraigada cultura e identidad campirana sonorense.

Pasearse por este filón de vida que cruza el desierto sonorense, es encontrarse con los valores y tradiciones más auténticas de este estado. En los pueblos coloniales a orillas de río Sonora, podrás encontrarte con rodeos y carreras de caballos en las vaquerías, bailes de plaza y serenatas, velaciones y fiestas patronales en los templos, trabajos excepcionales de madera y cerámica, cosechas de chiles, ajo, cacahuate y caña, mientras que en los portales y restaurantes disfrutas de las típicas tortillas de harina con machaca y carne asada, así como unos buenos jamoncillos y un humeante café de olla en las casas de los siempre cálidos anfitriones sonorenses.

En esta ruta que sale de Hermosillo te encontrarás con recovecos naturales de frondosas arboledas que regalan manantiales de aguas termales, reservas ecológicas para el avistamiento de la fauna endémica, monolitos grabados, restos milenarios de mamuts, y joyas coloniales invaluables.

Turismo rural en Sonora

Los pueblos que irás encontrando en el camino hasta Cananea, un recorrido de aproximadamente 300 kilómetros, son Ures, Baviácora, Aconchi, San Felipe de Jesús, Huépac, Banámichi, Arizpe, Bacoachi y finalmente Cananea.

Ures. Ures, a unos 70 kilómetros de Hermosillo, presume una espléndida Plaza de Armas con cuatro esculturas de bronce donadas por el gobierno italiano en el siglo XIX. La Misión de San Miguel y su capilla, de la primera mitad del siglo XVII, no tienen desperdicio. El pueblo invita a ser caminado, ya que ostenta otras interesantes construcciones coloniales de gran valor.

Baviácora. En Baviácora, fundado como todos los pueblos de la ruta en las primeras décadas del siglo XVII, existen edificios coloniales religiosos y civiles maravillosos, pero adicionalmente el lugar ofrece senderos entre las frondosas arboledas a orillas del río, que son ideales para las expediciones a caballo o en bicicleta de montaña.

Aconchi. La comunidad de Aconchi ostenta un templo franciscano del siglo XVIII y un templo parroquial muy interesante; en su interior destaca un Cristo negro, famoso y muy venerado en toda la región. En los alrededores hay algunos balnearios naturales de aguas termales que pueden aprovecharse para el descanso.

San Felipe de Jesús. El pueblo de San Felipe de Jesús se yergue a un costado del portentoso Cerro de la Santa Cruz, por lo que regala unas postales del desierto y del río que no tienen parangón. Además el poblado alberga las ruinas del molino de harina Jojobal, que es muy emblemático y querido por los lugareños, pues lleva recuerdos de sus antepasados.

Huépac. Aquí la antigua Misión de San Lorenzo es un ícono, por tratarse de una de las primeras huellas de la labor catequizadora en toda la región. El templo del poblado, de fines del siglo XVIII, es una joya maravillosa, y el molino de harina es el más antiguo de toda la región. En el Palacio Municipal de Huépac se hallan los restos de un mamut encontrado en la zona, y algunas fotografías muy valiosas de los avatares independentistas y revolucionarios de la región.

Banámichi. Tiene un magnífico templo colonial y en su plaza principal se yergue un fantástico monolito grabado de tiempos inmemoriales. A las afueras del pueblo, su manantial de aguas termales a la sombra de espléndidas arboledas, regala postales portentosas del indómito desierto sonorense.

Arizpe. Su Iglesia de la Asunción del siglo XVII es un portento, el templo fue nada más y nada menos que la primera catedral del Obispado de Sonora. En este lugar llama mucho la atención su orografía con rocas de formas caprichosas, que en contraste con sus serranías de agrestes perfiles, el río y su exuberante vegetación, forman un escenario natural esplendoroso.

Bacoachi. El pueblo de Bacoachi destaca por su particular emplazamiento entre espectaculares sierras  y su frondosa vegetación. De hecho, en este lugar hay una importante reserva ecológica ideal para las actividades extremas, como la escalada, el rappel, el kayaquismo, el senderismo y sobre todo para el avistamiento de la fauna y flora de la zona.

Cananea. Finalmente, Cananea regala espectaculares postales de cerros colorados, que albergan la mina de cobre más grande de nuestro país. En el pueblo, el Templo de Nuestra Señora de Guadalupe, el Palacio Municipal, y la Plaza Jardín Benito Juárez merecen sin duda una visita. Y merece especial atención el Museo de la Cárcel de Cananea, que entre sus paredes guarda cientos de historias de luchas obreras. Mucho tiene que contar Cananea de su huelga de 1906, de la situación en la que vivían los obreros mineros, de la feroz represión posterior, y de lo que esta lucha significó en la entidad y cómo repercutió en todo el país.

Este periplo sonorense es para no olvidarse. La ruta te acercará a la identidad sonorense, y a los avatares históricos de estas tierras siempre agrestes. Los pioneros que llegaron a orillas de este río que cruza los arenales solitarios más impresionantes del norte, fueron héroes anónimos de gran corazón, y sus nobles descendientes tienen mucho que enseñarnos.

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