Turismo en San Miguel de Allende, Guanajuato

Turismo en San Miguel de Allende, Guanajuato

Disfrutar del turismo en San Miguel de Allende, es una de las experiencias más mexicanas, cultas y agradables que puede haber.

En el estado de Guanajuato, la pequeña San Miguel de Allende es la ciudad de los manantiales, la villa de cantera rosa, el lugar de las conspiraciones insurgentes, el paso en el camino de la Ruta de la Plata; el sitio de las bellas artes, el asiento de diestros artesanos, la localidad de exóticos sabores por excelencia; y aún hoy sigue siendo en muchos sentidos aquella villa fundada en 1542 por Fray Juan de San Miguel.

San Miguel de Allende alberga tesoros coloniales invaluables, en sus plazas y jardines asoman siempre sus perfiles barrocos. Es una ciudad culta con galerías, talleres y museos; no es casualidad que este rincón mexicano fuera adoptado, desde hace varias décadas, por artistas e intelectuales de todo el mundo como su lugar de creación y de inspiración.

En San Miguel se ha instalado el prestigio y la bohemia; la fama llegó para quedarse en esta joya Patrimonio de la Humanidad.

Turismo en San Miguel de Allende

San Miguel hay que caminarla despacio, respirar sus rincones y abrazar su tiempo. Aquí todo tiene relevancia, desde sentarse en una terraza a la sombra de los portales para ver pasar a los transeúntes, hasta comprar un globo en la plaza, o deleitarse en el mercado con unas ricas charamuscas.

La Plaza Allende es el mejor lugar para empaparse de San Miguel, todo parece conspirar para que el viajero quede atrapado. Este primer cuadro de la ciudad fue desde siempre el centro de la villa de San Miguel el Grande, desde que los franciscanos construyeron la parroquia en el siglo XVI. Fue aquí donde nació Ignacio Allende, quien después encabezaría el movimiento insurgente; y más adelante, en 1826, aquí también fue donde la villa se convertiría en ciudad, con el nombre que ostenta hoy en día.

La Parroquia de San Miguel Arcángel, sin duda emblemática, ha tenido múltiples transformaciones desde su construcción. Su fachada actual fue realizada entre 1880 y 1890 por el maestro Ceferino Gutiérrez, que encontró inspiración en las catedrales góticas europeas. Sus torres estilizadas, sus bellos arcos ojivales y sus relieves ondulados, son el preámbulo de un interior neoclásico que custodia al Señor de la Conquista.

A un costado, el Templo de San Rafael fundado en 1742 por Luis Felipe Neri, también presume una hermosa torre, con su campanario que se eleva por encima del mercado de flores. A un par de cuadras de la plaza se encuentra el Museo Casa de Allende, dentro de un bello inmueble del siglo XVIII que viera nacer al prócer independentista. En sus salas el visitante se puede acercar a los pormenores de la insurrección independentista, a los avatares de la historia de San Miguel, y a las costumbres de vida de la época.

En la esquina de la calle Canal, la Casa del Mayorazgo de la Canal deslumbra por su arquitectura elegante, sus líneas barrocas y renacentistas, su impresionante portón de madera tallada, y su nicho con la imagen de Nuestra Señora de Loreto.

Muy cerca también, el antiguo Palacio Municipal del siglo XVIII, donde Allende instaló el primer Ayuntamiento del México Independiente, tiene mucho que decir. Y la Casa de las Conspiraciones que se encuentra a sólo una cuadra, también espera al viajero para contarle los pormenores de esta gesta histórica.

Más adelante, el Templo de la Tercera Orden construido por los franciscanos en el siglo XVII merece una visita, así como el Templo de San Francisco de 1779 justo a un lado, con su imponente fachada barroca y su cúpula neoclásica. El atrio que comparten estos dos templos hoy es una pequeña plaza arbolada.

En la calle de Mesones, la Plaza de la Soledad resguarda la hermosa estatua ecuestre de Ignacio Allende; frente a ella se yergue el Colegio de San Francisco de Sales, donde los franciscanos impartían cátedras, y de donde egresarían Aldama y Allende. A un costado, el Templo de Nuestra Señora de la Salud, de 1735, muestra una fachada que surge de una enorme concha marina de cantera labrada.

Al oeste de la ciudad, el Oratorio de San Felipe Neri del siglo XVIII es una joya de piedra rosada; en su interior los frescos del artista novohispano Miguel Cabrera cuentan a detalle la vida de San Felipe Neri. En este oratorio, su mayor tesoro es la Capilla de la Santa Casa de la Virgen de Loreto con sus estupendas paredes de talavera y su camarín, donde se encuentran seis estupendos retablos barrocos.

Al sureste de San Miguel, en un promontorio que mira a la ciudad, se encuentra el Paseo del Chorro. En tiempos coloniales, en esta zona de manantiales se construyeron baños y fuentes, y una pequeña capilla para agradecer la abundancia. Hoy es una delicia pasearse por este corredor que serpentea entre terrazas y balcones de elegante herrería.

La Casa de la Cultura habita este barrio tradicional, como también los famosos Lavaderos coloniales, donde todavía es posible ver gente lavando su ropa de vez en cuando. El Parque Benito Juárez es quizá el punto más emblemático del barrio, a la sombra de sus árboles centenarios el paseante encuentra frescura en los días calurosos.

Cultura y tradiciones de San Miguel

La ciudad tiene una fama bien ganada de ser culta y con tradiciones artesanales muy arraigada, hay varios espacios que dan cuenta de ello, como el Centro Cultural Ignacio Ramírez “El Nigromante”, que fuera en un principio la Escuela Universitaria de Bellas Artes.

Corrían los años treinta del siglo XX cuando un grupo de artistas e intelectuales extranjeros se encargaron de traer a San Miguel las vanguardias internacionales; es entonces que se funda la escuela, y tuvo resonancia más allá de nuestras fronteras. Con el tiempo, las aulas se fueron poblando con insignes maestros como Carlos Mérida, José Chávez Morado, y Pablo O´Higgins, entre otros. En 1948 llegó el gran muralista David Alfaro Siqueiros para impartir un taller, y dejaría aquí un mural inconcluso para la posteridad.

Algunos años después se fundó el Instituto Allende en lo que fuera la casa de descanso de Manuel Tomás de la Canal; en los arcos del patio y alrededor de la fuente barroca, se paseaban y discurrían escritores, pintores y escultores. Incluso beatniks como Jack Kerouak y Neal Cassady durmieron aquí, bajo un fantástico mural de David Leonardo, el artista y estudiante más avanzado del maestro Siqueiros.

Para acercarse a la artesanía local, nada mejor que dirigirse al Mercado de Artesanías, donde se pueden descubrir fantásticos trabajos de latón con los que se hacen espejos, cajas y estrellas multicolores, así como bellos trabajos de lana de donde surgen tapetes y rebozos espectaculares, y artículos de vidrio soplado, de cerámica y papel maché.

Para seguir escudriñando este mundo de imaginerías multicolores, también vale la pena visitar La Esquina, que es el Museo del Juguete Popular Mexicano. El lugar está ocupado por juguetes tradicionales: sonajas, matracas y tambores, muñecos de cartón o de trapo, figuras de totomoxtle, cochecitos y aviones de lata, caballos de madera, ruedas de la fortuna de madera, carruseles de latón, montañas rusas de espiga de trigo, e incluso un circo tejido en palma.

La gastronomía de San Miguel

De San Miguel no podrás irte sin degustar en sus mercados, fondas o restaurantes su magnífica gastronomía. Las gorditas de maíz quebrado son únicas, y la barbacoa enchilada de chivo o de borrego es obligada; ni qué decir del cabrito a las brasas que es una delicia. Las enchiladas mineras y las tostadas de cuerito aquí son especiales.

Y para endulzar el momento: los tumbagones que son buñuelos enrollados, con azúcar canela son suculentos; aunque las trompadas, las charamuscas, las regañadas, los mazapanes, los rompopes, y las mermeladas de ciruela con café no se quedan atrás.

Regálate unas vacaciones en este rincón guanajuatense, puedes tener la seguridad de que San Miguel te atrapará y quedará en tu agenda de destinos frecuentes.

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