Turismo en Nuevo León: Mina y sus vestigios

Turismo en Nuevo León: Mina y sus vestigios

Para tener una experiencia completa de turismo en Nuevo León, es indispensable visitar uno de sus pueblos cerca de la capital: Mina.

En el estado de Nuevo León, muy cerca de Monterrey, existe un pequeño poblado llamado Mina, asentado sobre un enorme valle desértico que posee vestigios milenarios invaluables. Los restos fósiles de su Mamut y sus petroglifos de Boca de Potrerillos realizados hace miles de años, son un patrimonio digno de disfrutarse con todos los sentidos, así como con la emoción que un evento de esta naturaleza merece.

Turismo en Nuevo León, desde Monterrey

La salida hacia Mina desde la ciudad de Monterrey va ofreciendo páramos agrestes y solitarios. Una vez en la capital, hay que dirigirse hacia la ciudad de Monclova, en el vecino estado de Coahuila. Antes de salir es conveniente abastecerte de suficiente agua, pues la marcha en el desierto a más de 30 grados de temperatura puede ser pesada, así como de algunos víveres. Ahora que si antes de dejar la ciudad decides despedirte con un buen cabrito, ni qué decir. Cuando hayas pasado por los pueblos de Abasolo y más adelante Hidalgo, llegarás a Mina, que está exactamente a 37 kilómetros de la capital del estado.

Mina y sus secretos paleontológicos

Mina es un típico pueblo de desierto, con viejas casonas de amplios patios interiores, anchas calles  solitarias, y portales vacíos con mecedoras. Su plaza principal abriga el Palacio Municipal y algunas frescas arboledas. Entre sus casonas más señoriales destaca el Museo Bernabé de las Casas, que exhibe su famoso mamut, encontrado en el río Salinas hace más de tres décadas.

Miles de piezas están distribuidas en 10 magníficas salas con temáticas antropológicas, históricas y paleontológicas. La sala del mamut es la más visitada; los restos pertenecen a un Mamut Imperial de más de 8 toneladas de peso, con imponentes colmillos curvados de más de tres metros. Sus antepasados fueron los mamuts lanudos siberianos, especie que habitó el planeta hace aproximadamente 5 millones de años, hasta su extinción definitiva unos 7 mil años atrás. Como dato curioso, estos gigantes sólo se reproducían una vez en la vida y consumían más de 150 kilogramos de comida al día. Impresionante.

Continuando con la visita del museo, te encontrarás con las salas consagradas a la paleontología, que tienen exposiciones didácticas sobre el estudio de fósiles y sobre los cambios geológicos de la región. En otros espacios descubrirás algunos ejemplos de los petroglifos de Boca de Potrerillos, junto con puntas de flecha y otros artefactos de los hombres del Neolítico. También hay exhibidas algunas piezas de arte sacro colonial.

La sala dedicada al milagroso curandero Niño Fidencio (1898-1938), quien vivió en Mina una buena parte de su vida, con una reproducción de su altar original, así como fotografías, documentos e imágenes de su vida, es interesante y enigmática. Este personaje es considerado un santo en la región. Uno de los hechos que lo llevo a la fama fue la curación que le practicó al presidente Plutarco Elías Calles en 1928.

Al museo lo complementan un auditorio, la fototeca, la biblioteca, la videoteca, galerías de exhibiciones temporales, áreas de talleres y una cafetería.

Boca de Potrerillos en el desierto

Siguiendo desde Mina con rumbo hacia Monclova, 13 kilómetros después se encuentra la desviación hacia Boca de Potrerillos. Un buen camino de terracería te va llevando entre cañadas, colinas y vertientes de ríos que esperan el agua entre huizaches, mezquites y nopales, hacia uno de los lugares más impresionantes del desierto del noroeste mexicano.

En algún momento tendrás que continuar la expedición a pie, sólo para descubrir uno a uno los vestigios de los primeros habitantes de estos yermos remotos. Deberás ir hasta lo alto de las colinas para llegar a las cuevas que resguardan estos testimonios pétreos; en algunos casos, incluso encontrarás pinturas rupestres. Siguiendo el río y las cañadas, hallarás otros grabados en piedra, y seguirán apareciendo creaciones anónimas entre cactáceas y arbustos, con técnicas de punteado y tallado relieves.

En los más de 400 petroglifos de la zona, siempre habrá un homenaje a la naturaleza; el sol, el día y la noche, los animales y la vegetación acompañan los diseños rupestres. En muchas de las rocas podrás ir descubriendo figuras numéricas y simbólicas con mensajes todavía indescifrados, que los antiguos habitantes dejaron para la posteridad hace miles de años. La paleontología todavía tiene mucho que desentrañar de estos mensajes, las rocas y las cuevas en Boca de Potrerillos piden a gritos que se les interprete, sólo entonces podremos aprender de la sabiduría de estos milenarios habitantes del indómito desierto.

Es recomendable que en Mina te acerques a los guías certificados de la zona; en el museo existe este servicio con jóvenes paleontólogos que conocen muy bien la región, ellos sabrán llevarte exactamente a los puntos de mayor interés en Boca de Potrerillos.

Si eres amante de las expediciones en la naturaleza, esta excursión en el desierto de Nuevo León te dejará recuerdos inolvidables.

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