Travesía por el Valle de Tehuacán, Puebla

Travesía por el Valle de Tehuacán, Puebla

En el estado de Puebla, el Valle de Tehuacán es una de las regiones más ricas y exóticas del centro de nuestro país.

Las escarpadas cumbres que delimitan el valle tienen entre sus paisajes varios recovecos interesantes. A los pies de la sierra de Zongolica están las espectaculares lagunas de San Bernardino, y en la sierra de Zapotitlán, el Macizo Arcaico que alberga los minerales más antiguos del país. Pero sin duda lo más icónico de la región son los manantiales de aguas minerales, presumiblemente de propiedades curativas.

La Ruta de los Conventos en el Valle de Tehuacán

La primera parte del viaje tiene que ver con la herencia que los misioneros franciscanos dejaron en estas tierras a partir del siglo XVI.

En el poblado de Acatzingo, la parroquia de San Juan Evangelista y su capilla de la Virgen de los Dolores (1719) se lleva los reflectores. Las pinturas del maestro poblano Miguel Jerónimo de Zendejas adornan el recinto, y la destreza con que están trabajados los retablos de la capilla es excepcional. No menos interesantes son los tableros de alabastro y el púlpito, considerado como el mejor construido en la Nueva España.

En el poblado vecino de Quecholac, la iglesia de la Merced es de visita recomendable. A pesar de su deterioro, este templo deslumbra por su decoración, que es uno de los mejores ejemplos del barroco mexicano. Las distintas figuras ornamentales de la fachada hechas en argamasa, el campanario y las cuatro pilastras salomónicas logran un conjunto espectacular.

A poco más de 50 kilómetros de Quecholac se encuentra Ciudad Serdán, cabecera del municipio de Chalchicomula. Este poblado esta justo en las faldas del Pico de Orizaba y sus paisajes alpinos son soberbios. Desde cualquier punto del pueblo siempre destaca la figura del Citlaltépetl, que es el volcán más alto del país.

Aquí, la parroquia de Nuestro Padre Jesús de las Tres Caídas (siglo XVI) es una joya arquitectónica. Su fachada, sus retablos, su campanario y todos los elementos del conjunto son de notable belleza. No menos interesante es el viejo acueducto colonial, las haciendas de Xalapasco y Ocotepec, yla zona arqueológica de San Francisco Cuautlancingo.

En esta región es emblemático el poblado de Tecamachalco, que en tiempos prehispánicos fue la capital de los popolocas. El pueblo está a sólo unos kilómetros de Quecholac, y vale la pena visitarlo para conocer su templo dedicado a la Asunción de Nuestra Señora (siglo XVI). Lo más interesante en este templo son sus 28 medallones pintados que decoran la bóveda del sotocoro. Los óleos están fechados en 1562 y fueron realizados por Juan Gerson, inspirado en grabados europeos.

Siguiente destino: Tehuacán

Tehuacán es la segunda ciudad del estado. Su Parque Juárez lleno de laureles es el lugar de reunión predilecto de los lugareños. Los domingos en el quiosco se presentan grupos musicales que amenizan las tardes, y frente al parque el Palacio del Ayuntamiento se destaca orgulloso por su belleza. En su interior existen dos murales interesantes para conocer la historia de la región, el primero llamado Tehuacán y sus cinco regiones, y el otro Un Mundo Nuevo.

No menos cautivador es el mercado de los sábados, donde se puede conocer un poco sobre las tradiciones y costumbres de la zona. Aquí se pueden encontrar los bordados de Chilac, el mezcal de Calipam, el amaranto de Huatlatlauca, las pitahayas de Zapotitlán, los zapotes, membrillos, y un gran etcétera llegados de todo el valle.

Tehuacán está muy orgulloso de su Museo del Valle de Tehuacán, en el Ex Convento del Carmen. En sus salas se pueden descubrir diversos hallazgos prehispánicos, documentos y mapas que acercan al visitante a la historia de la región, y los últimos descubrimientos de cuevas y sitios arqueológicos, como Tehuacán Viejo a 5 kilómetros de la ciudad.

El maíz ocupa un lugar preponderante en el museo, en varias de sus salas podrás conocer la evolución de este grano que es uno de los más importantes del mundo, y sin duda piedra angular de las culturas mesoamericanas. En las vitrinas se pueden ver desde mazorcas milenarias del valle, de por lo menos 5 000 años de antigüedad, hasta el maíz que conocemos hoy. Hay que recordar que Tehuacán es considerado cuna de la domesticación del maíz.

En los alrededores de Tehuacán

Imposible venir a Tehuacán y no disfrutar de sus famosos manantiales de aguas minerales. En el balneario de San Lorenzo, a un par de kilómetros de la ciudad, puedes pasar momentos revitalizantes. Un vetusto ahuehuete de enorme tronco está en el nacimiento del manantial, más allá un estupendo jardín con buganbilias, pinos y jacarandas resguarda albercas para regodearse con estas aguas medicinales.

También muy cerca de Tehuacán te espera la sierra de Zapotitlán. En estos riscos, las canteras de alabastro y ónix son de espectacular belleza, como lo son también las salinas de la zona que datan de tiempos prehispánicos, y están dispuestas en tonalidades de lilas, verdes, amarillos y rosas, dependiendo del tiempo que lleven expuestas al sol. Resulta muy revelador el trabajo de los salineros, que desde tiempos inmemoriales han levantado las cosechas de sal en estos parajes.

A 22 kilómetros de Tehuacán se encuentran las Lagunas de San Bernardino; los 4 cuerpos de agua están separados entre sí por los picachos de la sierra de Zongolica. La Laguna Grande es la más visitada por sus tonalidades de azules intensos, en ella se encuentran servicios básicos como restaurante, baños, y estacionamiento. Con los pescadores de la zona se pueden contratar paseos en lancha, e incluso organizar jornadas de pesca.

Sin duda, este viaje por el estado de Puebla tiene todo para que pases un fin de semana formidable con toda la familia. No dejes pasar la oportunidad de aventurarte en este periplo excepcional.

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