Tlacotalpan, Patrimonio Cultural de la Humanidad

Tlacotalpan, Patrimonio Cultural de la Humanidad

El pueblo de Tlacotalpan, Veracruz, es considerado Patrimonio Cultural de la Humanidad por su riqueza natural, arquitectónica y cultural.

El estado de Veracruz aloja varios pueblos de profundas tradiciones, pero existe uno en particular a orillas del río Papaloapan que atrapa a viajeros, melómanos, historiadores y peregrinos, por su singular belleza tropical y ambiente poético: Tlacotalpan.

Tlacotalpan fue declarado Patrimonio Cultural de la Humanidad por la UNESCO en 1998. Desde que se llega a su malecón a orillas del río, sorprenden sus horizontes, y se pueden ver sus plazas de mármol y quioscos dorados. Sus santuarios y templos barrocos son tesoros de la arquitectura veracruzana, que combinan con las calles de casonas multicolores de estilo andaluz, con portales de columnas estilizadas.

Pero sobre todo, Tlacotalpan obsequia tardes festivas de ritmos y coplas de amor, de sones y danzones jarochos, de tarimas y jaranas, de arpas y trovadores, y de versadores que ofrecen tertulias populares. Todo esto conforma el sincretismo caribeño en esta región del Sotavento.

Tlacotalpan, Patrimonio Cultural de la Humanidad

Tlacotalpan hay que saborearlo sin prisas. El primer encuentro desde el malecón es con la plaza principal, es decir, la Plaza Zaragoza. Su piso es de mármol blanco, y su bello quiosco dorado rodeado de palmeras y flores le da un carácter elegante. La blanca Parroquia de San Cristóbal en la plaza es espléndida; a un costado resaltan las casonas coloridas con techos de teja roja y columnas que dan forma a portales, donde los lugareños se sientan a disfrutar del paisaje en sus mecedoras, y en sus patios las familias conviven con juegos de mesa y bebidas de frutas tropicales.

También en la plaza está el Santuario de Nuestra Señora de la Candelaria, que es venerada multitudinariamente en febrero, durante las fiestas en su honor. Al lado, un callejón lleva a la Plazuela Agustín Lara, donde hay una estatua del compositor, por mucho tiempo habitante de este pueblo veracruzano. Aquí se encuentra el Palacio Municipal y la Casa Artesanal Rafael Murillo, que vale la pena visitar si quieres conocer las expresiones artesanales de la región.

Un ícono de la ciudad es, sin duda, la cantina Blanca Nieves, donde Agustín Lara pasaba el tiempo con sus amigos. Además de probar de unos “toritos” veracruzanos en todas sus variedades, podrás disfrutar de las fotos y los dibujos expuestos en las paredes del negocio, que te acercarán a la vida bohemia de Tlacotalpan en sus mejores momentos.

Otra plaza importante es la Plazuela de Doña María, con sus peculiares bancas onduladas. Es aquí donde se inició la ciudad de Tlacotalpan, con las construcciones de las primeras casas consistoriales y el primer templo, en el siglo XVI. Por cierto, la Plaza de las Madres también merece una vista, en ella se encuentra el Templo de San Miguelito, que es el más antiguo de la localidad, edificado en 1785.

Museos y otras curiosidades

En Tlacotalpan, Agustín Lara tiene un lugar de privilegio, y para confirmarlo basta asomarse al Museo Agustín Lara. Aquí podrás descubrir pertenencias, fotografías, partituras, cartas e instrumentos musicales del cantante y compositor. El hijo adoptivo de Tlacotalpan compuso a orillas del Papaloapan muchos de sus temas más conocidos; nada más inspirador que los horizontes bucólicos de este río. En la avenida Venustiano Carranza también podrás encontrar la Casa de la Cultura Agustín Lara, que es el lugar de encuentro de pintores, poetas, músicos y trovadores.

En esa misma calle está el Teatro Netzahualcóyotl, inaugurado en 1891. Y si sigues por los callejones, entre los talleres de ebanistas y lauderos, llegarás al bullicioso Parque Hidalgo, donde encontrarás el Museo Salvador Ferrando, situado en la que fuera la casa del famoso pintor tlacotalpeño. Además de la obra plástica, podrás descubrir objetos y fotografías del Tlacotalpan de ayer. Es un muy buen lugar para conocer los sucesos históricos de la Perla del Papaloapan, cuyo auge fue en tiempos del Porfiriato.

Finalmente, no podrás perderte uno de los espacios más peculiares de la ciudad: el mini zoológico de don Pío Barrán. En esta modesta casona se encuentran expuestas un sinfín de curiosidades que hablan de la historia de Tlacotalpan. Pío Barrán se dedicó a coleccionar durante toda su vida fotos, libros, documentos, piezas prehispánicas y todo aquello inherente a la vida de Agustín Lara.

Pero lo que más llama la atención son los animales exóticos que deambulan por la propiedad; cocodrilos y lagartos, tortugas, tejones, armadillos y aves exóticas pueden aparecer de improviso en cualquiera de los espacios de la casa. Si esto no es suficiente, los nietos de Pío Barrán están dispuestos en todo momento a regalarte un zapateado en su tarima improvisada, acompañados de jaranas, violines e incluso quijadas de burro, que es la percusión tradicional del son jarocho. En resumen, el mini zoológico es toda una fiesta tlacotalpeña, como no encontrarás en ningún otro lado.

México tiene rincones maravillosos, y Tlacotalpan es sin duda uno de ellos. No pierdas la oportunidad de visitar el lugar de más hondo sentir veracruzano, y agenda tu viaje lo antes posible.

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