Pueblos Mágicos en Puebla: Pahuatlán de tiempos inmemoriales

Pueblos Mágicos en Puebla: Pahuatlán de tiempos inmemoriales

Uno de los Pueblos Mágicos en Puebla más es Puahutlán, una tierra de tradiciones ancestrales que persisten hasta hoy.

En el norte de Puebla, en las estribaciones de la Sierra Madre Oriental, se yergue ensimismado el Pueblo Mágico de Pahuatlán. Esta tierra ancestral, de fusión de culturas totonacas, nahuas y otomíes, guarda celosamente su memoria atávica, de otros tiempos. Aquí los hombres son de barro y de amate, y a sus espaldas llevan la sabiduría que les heredaron; caminan taciturnos porque saben a qué sabe el tiempo en la montaña, en los desfiladeros interminables y en el agua impoluta de sus ríos y manantiales.

Los moradores de Pahuatlán siempre están en la mejor disposición de compartir lo que saben con el visitante, se sienten orgullosos de sus orígenes y quieren hablar de sus tradiciones prehispánicas, mismas que se han transmitido de generación en generación desde hace siglos.

Este Pueblo Mágico invita al viajero a estar cerca del México profundo, el de siempre pero que a veces está lejos; el que huele a tierra húmeda y leña quemada, el que comparte sabias reflexiones, el cálido, el de las tradiciones que se atesoran.

Pueblos Mágicos en Puebla: Pahuatlán en la intimidad

Pahuatlán hay que caminarlo despacio, sus calles empedradas presumen una arquitectura autóctona robusta; en cada portal y en cada casona, la intimidad se comparte a la sombra, con hamacas y mecedoras.

El primer cuadro no tiene más que unas seis manzanas, pero todas son patrimonio cultural del estado. En la plaza principal destaca la Iglesia de Santiago Apóstol del siglo XVII, que es un edifico envuelto en un halo de misticismo y devoción. Su bella torre y su hermosa cúpula rojiza dan la bienvenida.

Al centro de la plaza, entre jardines bien cuidados, descansa un quiosco que es el lugar de reunión predilecto de los lugareños. Desde la plaza, la Secretaría de Turismo organiza paseos que van hasta el icónico Puente Colgante Miguel Hidalgo y Costilla. Éste une a Pahuatlán con la comunidad de Xolotla, y cruza el hermoso río Pahuatiltla. Desde su altura de casi 40 metros se tienen postales excepcionales de los entornos boscosos.

Muy cerca de aquí están algunos beneficios cafetaleros, donde vale la pena detenerse para saborear una buena taza de café, y conocer el proceso que se requiere para la elaboración de este elixir. En las catas de café aprenderás a identificar las características de un buen café, como grado de acidez, cuerpo y aroma. Pero, sin duda, el mayor beneficio es poder llevarte contigo algunos kilos del mejor café del estado, y con ellos una historia agradable que estará acompañando tus siguientes tazas de café.

Para seguir con los aromas y sabores, conviene acercarse a las panaderías, y es que el pan de la zona tiene fama más allá de las montañas. En los locales puedes acercarte a los secretos de su elaboración, y después degustarlo con algún atole, que también aquí tienen mucho que decir.

En el tianguis dominical que se instala en la plaza principal y sus calles aledañas, todas las semanas desde hace mucho, llegan comerciantes y campesinos de los pueblos vecinos de la montaña con sus mercancías en la espalda para ofrecer sus productos. Aquí también puedes acercarte a los secretos culinarios de la región.

Puedes encontrar el chayotextle, que es la raíz del chayote, y comértelo capeado, y también se encuentran los quelites con mole que son muy de aquí. Los chícales son hormigas fritas servidas con salsa o chile chiltepín, los tamales de cacahuate, de puerco con yerba santa, y los de frijoles con epazote son espectaculares. La cecina ahumada y los mixiotes de borrego también tienen mucho que decir, y la variedad de atoles y cafés son una delicia.

A las afueras de Pahuatlán

Subiendo la montaña desde Pahuatlán, por los rumbos del Cerro de Cirio, a unos 15 minutos de distancia, se halla San Pablito, una pequeña comunidad otomí de artesanos que trabajan el papel de amate con las técnicas tradicionales. Hace siglos, esta relación con el amate tenía un propósito ceremonial, de ofrenda a los dioses. Hoy, el papel de amate de San Pablito tiene fama y viaja por toda nuestra geografía, aunque las mejores piezas se quedan aquí.

Todavía más arriba, donde las nubes acarician los picachos, se encuentra Ahíla, que es una de las comunidades más altas de la región. Aquí los lugareños se brindan a la floricultura desde que se puede recordar. A casi 2000 metros de altura, los miradores de esta serranía regalan panoramas excepcionales, y se alcanzan a ver muchos de los pueblos de la sierra, el bosque con sus cordilleras, y una variedad impresionante de aves.

La zona es del mismo modo ideal para la práctica del senderismo, montañismo, parapente, rapel y escalada. En estos caminos de la sierra se practica el ciclismo de montaña, y el downhill por brechas tortuosas y abruptas para los ciclistas mejor dotados.

Regálate unos días en este Pueblo Mágico; nunca olvidarás sus aromas, sus sabores, los paisajes de la sierra, la mirada honesta y profunda, y el calor de los pahuatlecos.

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