Parajes enigmáticos en la Sierra de Durango

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La Sierra de Durango guarda en sus entrañas parajes enigmáticos y asombrosos que sorprenden al viajero más avezado las lides expedicionarias.

La carretera federal 49 es la arteria principal de esta aventura; desde ella basta desviarse algunos kilómetros para encontrar la Sierra del Sarnoso con sus extrañas formaciones pétreas; el famoso Puente de Ojuela, las antiquísimas Grutas del Rosario, el espectacular Bolsón de Mapimí y la enigmática Zona del Silencio con sus interferencias magnéticas.

Aquí te dejamos algunas sugerencias para que descubras estos espectaculares lugares en una ruta transitable e ideal para toda la familia.

De Gómez Palacio a la Sierra de Durango

La ciudad de Gómez Palacio, la segunda más importante de Durango, es la mejor opción levar anclas; pero no se pueden omitir algunas de las joyas urbanas más icónicas: por ejemplo el Templo Expiatorio, el Museo de Arte Moderno (un bello recinto que alberga obras plásticas de importantes pintores mexicanos), el Museo Comunitario Xiximes (donde se pueden descubrir vestigios y piezas contemporáneas realizadas por las distintas etnias de la región), la Parroquia de Guadalupe y la Casa de Piedra (donde se exhiben los diferentes minerales del área). Además de la hermosa réplica de la Torre Eiffel: un obsequio del consulado francés durante la conmemoración del primer centenario de la fundación de la ciudad.

Sierra del Sarnoso, Puente de Ojuela y Grutas del Rosario

A sólo 32 kilómetros de Gómez Palacio, por la carretera 49 con dirección hacia Chihuahua, cerca del poblado de Dinamita, se encuentra la Sierra del Sarnoso: una gran caldera volcánica de hace millones de años que presenta extraños cerros de forma circular. A través de los senderos es posible descubrir una serie de gigantescas piedras que sugieren formas de hongos, ardillas, un oso con su bebe y un demás de formaciones excéntricas. Este lugar es ideal para los amantes de la bicicleta de montaña, del rappel, la escalada y la cuatrimoto.

Muy cerca de allí, a poco menos de 50 kilómetros, se encuentra el imponente Puente de Ojuela, parte de la mina que ostenta el mismo nombre y célebre durante el siglo XIX. Con una longitud de 336 metros y un peso de más de 115 toneladas en su momento fue el segundo más grande del mundo, después del de Brooklyn. Es el paisaje ideal para obtener estupendas postales de enormes riscos, deleitarse con los recorridos en la mina y divertirse con las escenificaciones que se hacen sobre los asaltos al tren y otras historias mineras.

El Museo de la Mula Momia es otra atracción imperdible: en él podrás conocer la historia de la mina. Como en la Sierra del Sarnoso, también se ofrecen tours en bicicleta de montaña, tirolesa, rappel, espeleología, paseos guiados y camping.

Para llegar a la Grutas del Rosario hay que dirigirse al poblado de Mapimí, a menos de 30 kilómetros, y desde allí manejar otros 20 hasta la entrada a las grutas. Es necesario subir aproximadamente 100 escalones en una espectacular pendiente donde se obtienen los mejores panoramas de la región. En el interior se hallan un espectáculo de estalagmitas y estalactitas y demás estructuras que se han ido formando por más de 130 millones de años.

Reserva de la Biósfera del Bolsón de Mapimí y la Zona del Silencio

Desde Mapimí hay que desplazarse unos 130 kilómetros por la carretera 49 para llegar a la Reserva de la Biósfera de Mapimí. Caminar por este semi-desierto de suelos salinos, arcillosos y de dunas de yeso donde habita una gran diversidad de flora y más de 270 especies de vertebrados, 38 de reptiles, 32 de mamíferos y 250 de aves endémicas y migratorias es un privilegio inigualable. Entre las dunas y los enormes monolitos se encuentran tortugas, venados, aguilillas, halcones, coyotes, lobos y cientos de otros animales que se pasean a sus anchas en estos páramos vírgenes.

Resulta imperdible pasar la noche para apreciar las auras de gamas multicolores que parecerían alucinaciones… Cuando la noche ha caído completamente, un manto espectacular de millones de estrellas brilla intensamente y la Vía Láctea, constelaciones y estrellas fugaces complementan un escenario, una vez más, alucinante.

El vecino del Bolsón de Mapimí es la enigmática Zona del Silencio. Habrás de seguir senderos (con señalizaciones muy visibles) para llegar a este paraje cuyo fenómeno natural de interferencia de ondas magnéticas se manifiesta en escasas regiones de nuestro planeta. Es posible hacer el recorrido a caballo o en bicicleta de montaña, durante el cual se van descubriendo fósiles marinos, aguas termales e incluso un manantial submarino.

Sin embargo las atracciones principales son los mitos e historias de este lugar: todo empezó en 1970 cuando allí cayó el cohete norteamericano Atenas, fue entonces cuando la Zona del Silencio se volvió famosa de la noche a la mañana. Muchos aseguran la constante aparición de ovnis, fantasmas, meteoritos y muchas otras historias increíbles que repentinamente hicieron que la región fuera visitada por miles de turistas e investigadores de todas latitudes.

Si eres un apasionado de México o la aventura, no pierdas la oportunidad de conocer esta región de nuestro país que no deja indiferente a nadie: puedes tener la seguridad de que la experiencia será única e inolvidable. ¡Buen viaje!

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