La Ciudad de Tlaxcala, joya de tiempos coloniales

La ciudad de Tlaxcala, joya de tiempos coloniales

La ciudad de Tlaxcala fue la primera que se fundó tras la Conquista, es por eso que guarda invaluables joyas coloniales y de arte sacro.

Hoy, resulta un verdadero placer caminar por sus calles, plazas, iglesias y palacios, e ir descubriendo su extraordinaria riqueza arquitectónica y sus rincones más entrañables. Este paseo se tiene que ir aderezando con la soberbia gastronomía tlaxcalteca de fuertes reminiscencias prehispánicas, y con la calidez de su gente.

Te dejamos aquí algunas sugerencias para que en tu próximo viaje a Tlaxcala no te pierdas de ninguno de los lugares más icónicos y trascendentes en el lugar.

La Basílica de Ocotlán

Al poniente de la ciudad, en la cima de un cerro que domina el paisaje, se encuentra la Basílica de Ocotlán que es uno de los más bellos ejemplos del barroco churrigueresco tlaxcalteca.

Según la historia, el templo fue erigido para obedecer el mandato de la Virgen María, que en 1541 se le apareció a un indígena de esta pequeña comunidad; las crónicas relatan que la virgen llevó a este personaje hasta unas aguas curativas, que sirvieron para salvar de la peste a varios habitantes de la región. La virgen que hoy descansa en el retablo mayor es una magnífica representación de madera sobre un hermoso pedestal de plata.

La fachada del templo ostenta dos torres de un blanco impoluto logrado con argamasa, y el resto de la fachada no desmerece, incluso su cancel de cedro es una exquisita muestra del neobarroco. El interior presume pinturas, vitrales y retablos espectaculares. Destaca el Camarín de la Virgen, una obra barroca del artista local Miguel Tlayoltehuanintzin, realizada entre 1715 y 1740.

Una vez que se ha terminado de disfrutar este edificio, hay que dirigirse a la capilla del Pocito de Agua Santa, a sólo 400 metros de la basílica. Se dice que este fue el lugar exacto donde ocurrió la aparición de la Virgen y donde surgió el manantial de aguas curativas.

Otras joyas en la ciudad de Tlaxcala

Regresando al centro de la ciudad, por la calle Lardizábal se encuentra el Palacio de Gobierno, que alberga uno de los murales más extraordinarios de nuestro país. Su autor, el pintor tlaxcalteca Desiderio Hernández Xochitiotzin plasmó aquí la historia de Tlaxcala, con todas sus desgracias y venturas. Este extraordinario pintor, arquitecto, grabador, catedrático y cronista, llegó a exponer en el Vaticano, la Sorbona de París, y en la Universidad de Harvard.

Su obra en el Palacio de Gobierno cubre más de mil metros cuadrados en los dos niveles del edificio; la fuerza de los trazos y el manejo del color atrapan las miradas de todo visitante. Los murales de “La Conquista”, “El siglo de oro tlaxcalteca” y “Siglo de las luces del porfirismo de Tlaxcala y México”, son obras plásticas de gran trascendencia, y piezas invaluables de la plástica mexicana del siglo XX.

En esta enorme obra mural hay algunos segmentos que merecen especial atención por su belleza, su valor histórico y simbolismo. La historia mitológica de la creación del maíz es uno de ellos, y no son menos exquisitos: el uso del maguey como árbol de las maravillas, la profecía del regreso de Quetzalcóatl, y la conquista de Tenochtitlán con todo y la alianza hispano-tlaxcalteca.

En este primer cuadro de la ciudad también destaca la parroquia de San José del siglo XVIII, con su elegante fachada recubierta de ladrillo y azulejos de Talavera. Su interior conserva interesantes muestras de arte barroco y neoclásico en altares y retablos.

El Palacio de Justicia (siglo XVI) en la calle de Lira y Ortega es otra obra de gran calado; el edificio fue construido originalmente como Capilla de Indios, y en la parte baja de su fachada barroca mantiene relieves de los escudos del imperio español. Otro edificio imperdible es la Antigua Casa de Piedra, que es una espléndida reliquia del siglo XVI. El lugar hoy funciona como hotel, pero todos los visitantes pueden conocerlo.

Subiendo por una antigua escalinata desde la Plaza Constitución, se llega al ex convento franciscano de Nuestra Señora de la Asunción, del siglo XVI. Entre sus tesoros más invaluables están su techo artesonado de madera estilo mudéjar, el altar mayor con una pintura que representa el bautismo de un noble tlaxcalteca, con Hernán Cortés y la Malinche como padrinos; el púlpito más antiguo de América, la Capilla de la Tercera Orden, la capilla de la Preciosa Sangre con su Cristo elaborado con maíz; la pila bautismal que también es la más antigua de nuestro país, la capilla abierta de forma hexagonal y la capilla posa.

La gastronomía tlaxcalteca

Una vez finalizadas las visitas, nada como sentarse en una terraza de los tradicionales portales Hidalgo y Juárez, en la Plaza de la Constitución. Aquí podrás acompañar tu pulque fresco y sus curados de frutas, con algunas de las delicias de la entidad que guardan una importante influencia prehispánica.

Los gusanos de maguey, la barbacoa y los mixiotes en pencas de maguey, los tamales de anís o de frijoles, los tlacoyos de frijol o de haba; los famosos escamoles, los chapulines asados, las quesadillas de huitlacoche, el mole de guajolote, el mole de olla, y otras extravagancias de tiempos ancestrales, son parte de la gastronomía local.

La ciudad de Tlaxcala, entre campos de maguey y milpas milenarias, conserva ese peculiar sabor del México prehispánico y de las primeras incursiones conquistadoras. La gastronomía, las danzas, los rituales y las fiestas tlaxcaltecas de fuertes raíces, se mezclan con los portentosos  vestigios pétreos de la evangelización. Regálate un fin de semana en este destino de excelencia, tu experiencia será inolvidable.

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