La Ciudad de México desde la Torre Latinoamericana

La Ciudad de México desde la Torre Latinoamericana

La Torre Latinoamericana es, sin duda, uno de los edificios más emblemáticos de la Ciudad de México, y un sobreviviente que ha visto pasar el tiempo en silencio.

En el Centro Histórico de la Ciudad de México, exactamente en la esquina del Eje Central y la calle Francisco I. Madero, se encuentra uno de los íconos urbanos más destacados de la capital del país: la Torre Latinoamericana.

Cuando visites el centro histórico no te conformes con verla desde abajo, sube y descubre desde su terraza en el piso 44, las postales más excepcionales de nuestra gran metrópoli, y conoce un poco sobre la historia de este gigante arquitectónico, que ha sobrevivido a los sismos de 1957 y 1985.

Un poco de historia

La Torre Latinoamericana vio la luz en 1956 y, en ese momento, era el primer rascacielos con fachada de cristal construido en una zona sísmica, y albergaba los elevadores más rápidos del mundo. Para su 50 aniversario, la torre fue remodelada y embellecida sobre todo en sus niveles 42, 43 y 44, que es donde están los miradores; las nuevas instalaciones permiten disfrutar de una estancia espectacular.

En el piso 38 se encuentra el Museo de la Torre Latinoamericana, que expone “La ciudad y la torre a través de los siglos”, donde a través de gráficas, fotografías, pinturas, planos, maquetas y documentos se conoce la historia de este inmueble y las transformaciones ocurridas en el terreno que hoy ocupa.

En este lugar se localizaba, en épocas prehispánicas, el zoológico de Moctezuma; aquí venía el tlatoani azteca con mucha frecuencia a observar las especies animales que eran traídas para él, hasta desde los confines más remotos de todo el mundo conocido.

Después en épocas novohispanas el lugar fue ocupado por el Convento de San Francisco, que fue el primero y más grande fundado en la Nueva España. Desgraciadamente, a mediados del siglo XIX, éste desapareció del horizonte urbano por órdenes del Presidente Comonfort.

En el museo se pueden ver piezas arqueológicas encontradas durante las excavaciones para las cimentaciones del edificio. Aquí también están las biografías de los arquitectos Manuel de la Colina y Augusto H. Álvarez, quienes construyeron la torre.

Otra sección del museo que resulta muy interesante es donde se encuentran los detalles de la construcción del rascacielos; a través de instrumentos y maquetas se explican los complicados trabajos de cimentación en esta zona altamente sísmica, e incluso con gráficas y fotografías se muestran los daños sufridos por el edifico en el temblor de 1985.

Desde las alturas

Los últimos tres pisos del edificio, del 42 al 44, fueron totalmente remozados para permitir al visitante tener las mejores vistas de la ciudad. Los dos primeros están cercados con vidrios en sus cuatro lados, y el último piso es una terraza al aire libre donde hay telescopios que permiten descubrir los edificios más emblemáticos del Centro Histórico.

Muy cerca está la recién remodelada Alameda Central, con el espléndido Palacio de Bellas Artes a un costado; enfrente, el bello edificio de correos o Palacio Postal, y sobre la calle Madero se ve la parte superior del magnífico Palacio de Iturbide. También un poco más allá, está la hermosa Plaza Tolsá enmarcada por el Palacio de Minería, y el Museo Nacional de Arte con su estatua de Carlos IV, mejor conocida como “El Caballito”, al frente.

Con ayuda de los telescopios y si la bruma lo permite, se puede alcanzar a ver el emblemático edificio de Tlatelolco, el Parque de Chapultepec con todo y el castillo, el Paseo de la Reforma, el Monumento a la Revolución, el Zócalo de la ciudad con su Palacio Nacional y la Catedral Metropolitana, la Basílica de Guadalupe, y todavía más allá los cerros que circundan el valle, incluso hasta Santa Fe y el Ajusco.

Un poco más de la Torre Latinoamericana

Cuando finalmente le hayas perdido el miedo a las alturas, llegará el momento de acercarte a la tienda de souvenirs y a la cafetería, o al restaurante Miralto en el piso 41, que ofrece vistas panorámicas extraordinarias con unas excelentes opciones de platillos gourmet, o quizá simplemente te decantes por tomar una copa en el bar.

En el piso 36 es también muy recomendable el Museo del Bicentenario, donde podrás conocer datos curiosos y documentos inéditos sobre la vida independiente de México, la Colonia y la Revolución.

En fin, si vives en la Ciudad de México y no has subido a la Torre Latinoamericana, anótalo entre tus prioridades de fin de semana, puedes tener la certeza que te sorprenderán las espléndidas vistas desde sus miradores. Ahora que si eres un turista que visita la gran metrópoli, no pierdas la oportunidad de tener a la ciudad a tus pies.

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