El Jardín de la Unión, un tesoro guanajuatense

El Jardín de la Unión, un tesoro guanajuatense

El Jardín de la Unión es uno de los espacios urbanos más emblemáticos y bellos de Guanajuato, el corazón y pulmón de la ciudad.

La ciudad de Guanajuato es una de las joyas coloniales más preciadas de México, la entidad guarda rincones entrañables y ricas tradiciones de profunda raigambre. Quien llega a Guanajuato queda seducido por sus plazas íntimas y acogedoras, las fachadas barrocas de cantera y mármol, sus callejones estrechos siempre de alegre concurrencia, sus artesanías realizadas por manos serenas, y por sus sabores de maíz y agaves.

Caminar por Guanajuato

El Jardín de la Unión es el corazón de la ciudad. Esta plaza señorial donde la sombra de laureles generosos da fresco cobijo, es sede de los edificios más emblemáticos de la ciudad. Se trata del más guanajuatense de los rincones, donde desde las bancas y terrazas se puede ver pasar el tiempo despacio, como respetando las gestas heroicas que transformaron nuestro, porque Guanajuato es además la cuna de la Independencia.

En Guanajuato todo enamora. La calle Juárez y la Plaza de la Paz presumen el Palacio Legislativo, la Mansión del Conde Rul y la Catedral Colegiata de Nuestra Señora de Guanajuato. Más allá se yergue el Jardín  Reforma, con su bella fuente de cantera verde;  a un lado, la Plaza San Roque presume su icónica Cruz de Farolas.

La Plaza de los Ángeles es el preámbulo del famoso Callejón del Beso, donde las parejas suelen besarse para llevarse consigo siete años de felicidad. Y desde la  Plaza de San Fernando se llega a la Alhóndiga de Granaditas, de donde se desprendió la mítica figura del Pípila. Finalmente, el Jardín de la Unión da la bienvenida al distraído viajero, con sus aires aristocráticos y señoriales.

En el Jardín de la Unión

La Plazuela de la Compañía con sus casonas de colores vivos e impecables fachadas, es la antesala de la coqueta Plaza del Baratillo, con una elegante fuente de bronce al centro y puestos de flores alrededor. En uno de sus costados está El Ágora, un pequeño centro comercial que, al atravesar, te  lleva a la calle Allende, que desemboca en el Jardín de la Unión.

Entre los enormes laureles que cubren la plaza se descubre un bello quiosco donde tradicionalmente se presentan bandas y orquestas musicales. Aquí la gente suele pasar sus tardes bailando danzón o disfrutando de la sinfónica del estado. La asistencia siempre es nutrida, los cafés bulliciosos y las terrazas de delicias gastronómicas están siempre abarrotados.

Del otro lado de la plaza, los edificios más elegantes de la ciudad han sido testigos imparciales de los hechos históricos que han dado forma al Guanajuato que hoy conocemos.

El Templo de San Diego (siglo XVIII) ostenta una fachada barroca de espléndidos acentos, y en su interior se halla el Cristo de Burgos regalado por el Conde de Valenciana, pionero español que inició los trabajos en el mineral cuando Guanajuato no era más que un sitio agreste habitado por tribus otomíes. También aquí se conserva una pintura de la Virgen Inmaculada, del artista novohispano José de Ibarra. El acogedor es uno de los espacios urbanos más icónicos de la ciudad, destacan su monumento al “Tuno” (el personaje principal de las estudiantinas), y la réplica de la escultura de La Giganta, del maestro José Luis Cuevas.

A un costado del templo, el Museo Dieguino es de visita muy recomendable si se quiere conocer un poco sobre el pasado de la ciudad. No menos espectacular es el maravilloso Teatro Juárez, erigido donde en algún momento se encontraba el Convento de San Diego; el teatro fue proyectado por los arquitectos José Noriega y Antonio Rivas Mercado, y su construcción inició en 1903.

Las columnas dóricas y sus hermosas musas en la cornisa hacen de la fachada del edificio una refinada obra, digna de esta ciudad de antecedentes artísticos. Su interior con acentos art nouveau y aires moriscos, fue desde entonces el lugar predilecto de las familias de alcurnia guanajuatenses. Aquí se presentaban las mejores obras de teatro y conciertos de la época.

Artesanías y terrazas del Jardín de la Unión

El Jardín de la Unión tiene vida prácticamente todo el día, sus restaurantes y cafeterías son el mejor lugar para sentarse y ver transcurrir la vida entre algunas de las postales más clásicas de Guanajuato.

En las mesas exteriores podrás degustar algún tequila de la región, o quizá te decantes por algún vino guanajuatense de las viñas cercanas a Dolores Hidalgo o a San Miguel de Allende. Ahora que si tienes hambre, no podrás equivocarte si pides unas tradicionales gorditas de maíz quebrado, una barbacoa enchilada de borrego, unas suculentas enchiladas mineras, o unas clásicas pacholas que son bisteces de carne molida. Para cerrar la sesión gastronómica, las capirotadas enmieladas son el mejor final.

El Jardín de la Unión es también un lugar ideal para conocer la maravillosa cerámica local; aquí los artesanos de la Talavera y la cerámica mayólica son verdaderos artistas, que conservan intacta esa tradición familiar de procesos ancestrales. Los barros de la Sierra de Santa Rosa se moldean y se pintan a mano, con resultados deplatos, jarras, ollas, jarras y mosaicos estupendos.

En tu próximo viaje a Guanajuato no dejes de regalarte una tarde en el Jardín de la Unión, puedes estar seguro de que en el corazón de Guanajuato pasan todas las cosas importantes de la ciudad, y el escenario es fantástico.

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