Batopilas, corazón de la Sierra Tarahumara en Chihuahua

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En lo más profundo de las Barrancas del Cobre, al corazón de la Sierra Tarahumara en Chihuahua, se encuentra escondido el Pueblo Mágico de Batopilas.

Ricas vetas de plata a orillas del río Batopilas y un poco más arriba, en el Cerro de La Bufa, dieron origen a este pueblo minero a inicios del siglo XVIII. Hoy la comunidad es un frágil vestigio de vida humana en la inmensidad de la sierra, resulta inaudito este emplazamiento en el lugar más recóndito de la tierra.

En los senderos serpenteantes, que bajan desde los bosques de coníferas hasta las profundidades tropicales de la barranca, solo están los pastores con sus chivos que parecen escalar los paredones de roca, y los tarahumaras con sus tambores en la espalda, siempre viniendo de lejos.

El corazón de la Sierra Tarahumara en Chihuahua

El ferrocarril  Chepe cruza en un recorrido espectacular la Sierra Tarahumara, desde Los Mochis en Sinaloa hasta la ciudad de Chihuahua, y tiene varias paradas durante su trayecto que facilitan la llegada al Pueblo Mágico de Batopilas.

Una de ellas es Creel, donde existen guías y vehículos que hacen el viaje hasta Batopilas. La expedición exige varias horas, pero la ruta ofrece espléndidas barrancas y cañones, miradores que regalan panoramas maravillosos de los ríos y desfiladeros, bosques portentosos, cascadas inmaculadas, pueblos mineros y socavones abandonados a su suerte en los rincones más insospechados.

En lo más profundo de las cañadas puedes ver las enigmáticas cuevas de los rarámuris (tarahumara en su propio idioma), siempre lejanas y prácticamente inaccesibles, son el testimonio de mujeres y hombres que resisten incólumes el paso del viento y de los tiempos.

La llegada a Batopilas

Desde el mirador de La Bufa, donde están las primeras gargantas que surcan las entrañas de la tierra, se tienen las primeras postales del Pueblo Mágico a lo lejos.

Desde aquí se alcanzan a ver los vestigios de lo que fue esta joya colonial. Su bello acueducto que por supuesto fue parte de la Ruta de la Plata, sus vetustos puentes de cuerdas y tablones que cruzan el río Batopilas, las casonas y haciendas de nobles, encomenderos y comisionados reales; las plazoletas de abigarrados contornos, y la vegetación que en estas profundidades es de tropicales y vivos colores: palmas, papayas, mangos, e innumerables huertos de frutas exóticas.

Cuando finalmente se llega al poblado, los niños están al pendiente para acompañar los recorridos. Con ellos, las historias y leyendas adquieren matices renovados y, claro, están amenamente corregidas y aumentadas.

Callejonear en Batopilas es un privilegio. A pesar de que la comunidad es pequeña, regala entrañables rincones con joyas arquitectónicas de excepción: El Templo de la Virgen del Carmen es muy hermoso y sin duda emblemático; la Presidencia Municipal, del siglo XIX, también es digna de admirarse, y la casona de Manuel Gómez Morín, insigne habitante de Batopilas quien fuera rector de la UNAM, es también interesante.

La Hacienda de San Miguel perteneció a Robert Shepherd, conocido como el “Magnate de la Plata”, quien descubriera la mina de La Bufa, y es simplemente espléndida. Así también lo es la residencia del Marqués Bustamante, el comisionado del Rey de España en antiguos tiempos.

Del mismo modo merecen una visita la antigua Casa de Raya, la Casa Cural y la Casa Biggler, que es un magnífico ejemplo de cómo vivía la nobleza en los tiempos de bonanza. Los viejos puentes y túneles también tienen su pátina de tiempos inmemoriales.

A las afueras del pueblo, la Misión del Santo Ángel Custodio Satevó es un tesoro colonial a no perderse. Erigida por los jesuitas en 1760, es una de las misiones más bellas de toda la Sierra Tarahumara, hoy conocida como la Catedral Perdida. Tiene en su cúpula y campanario todos los secretos de los periplos evangelizadores  que en estos parajes no siempre tuvieron finales felices; los rarámuris siempre se resistieron a la conversión y solo algunos abrazaron los ideales occidentales.

Para llevarse a casa

Lo mejor que habrás de llevarte de regreso de esta aventura, serán los recuerdos maravillosos de esos horizontes portentosos que ofrecen las Barrancas del Cobre, y en general toda la Sierra Tarahumara, con la mirada y el silencio profundo y sabio de los milenarios habitantes de las barrancas.

Cuando oigas los sonidos de sus tambores que surcan las infinitas barrancas, entenderás que es su milenaria forma de comunicación; cuando los veas descender por los caminos zigzagueantes de las enormes barrancas por varias horas, sólo para abastecerse de agua con sus cubetas para enseguida emprender el arduo camino de regreso a su cueva, comprenderás que su tiempo es otro tiempo; y cuando los veas correr por la sierra en sus carreras “de bola” durante horas e incluso días, realizarás porque son los mejores maratonistas del mundo.

En Batopilas podrás también llevarte algunas artesanías elaboradas por los rarámuris, que seguro habrás de conservar como una joya muy preciada: tambores, violines, bellas canastas, autorretratos tallados en madera, cerámicas espléndidas, y máscaras rituales.

Ua aventura en la Sierra Tarahumara la guardarás en tu corazón toda la vida. Los paisajes son de los más espectaculares de este país, y sus enigmáticos habitantes un tesoro invaluable. Además si te gustan los deportes y actividades extremas, en la zona de Batopilas podrás practicar ciclismo de montaña, escalada, rappel, senderismo, la pesca en el río Batopilas, paseos a caballo, y un sinfín de experiencias relacionadas con la naturaleza.

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